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NO NECESITAS SABER CÓMO VAS A LLEGARDespués de mi accidente hubo un momento en el que pensar en volver a estar bien me q...
08/09/2026

NO NECESITAS SABER CÓMO VAS A LLEGAR

Después de mi accidente hubo un momento en el que pensar en volver a estar bien me quedaba enorme. Mi mente quería saber cuánto iba a durar, si podría recuperarme, qué más podía hacer, cuánto dolería… quería garantías que nadie podía darme.

Hasta que entendí algo bastante sencillo:
“no tenía que saber cómo iba a recorrer todo el camino, sólo tenía que dar el siguiente paso”

Tengo que confesar que algunos eran literalmente pasos de geisha. Hacer ese día lo que mi cuerpo me permitía y mañana volver a empezar. Un pie detrás del otro hasta volver a caminar.

Con los años me he dado cuenta de que hacemos justo lo contrario con casi todo. Queremos cambiar por ejemplo de trabajo y necesitamos tener otro esperándonos, en lugar de empezar a prepararnos, enviar un currículum, empezar con una formación… solo encontramos la PAZ si sabemos el trabajo al que aspiramos, y así es normal que nos bloqueemos, porque “la única realidad es que la vida es IMPERMANENCIA”

A veces no necesitas tenerlo todo claro. Solo preguntarte: ¿qué depende de mí hoy? Y hacerlo, poniendo un foco como guía,

Mañana volveré a hacer lo mismo, buscar un pequeño paso para avanzar hacia ese foco, porque no necesito ver todo el camino para empezar a caminar y abrirme a descubrir las bendiciones del camino.

En mi caso, este camino de retos, de pequeños pasos, me ha abierto a vivir desde otro lugar… porque de mí depende cada día SER AMOR.

Sigo descubriendo cada día un mundo nuevo.

Martha García

Hay personas que nunca hacen determinadas cosas porque requieren esfuerzo, porque incomodan, porque dan miedo, porque no...
29/08/2026

Hay personas que nunca hacen determinadas cosas porque requieren esfuerzo, porque incomodan, porque dan miedo, porque no saben qué va a pasar después. Y entonces encuentran una razón perfectamente lógica para no hacerlas.

El agua está fría. La montaña cansa. En el campo hay mosquitos. Es demasiado temprano. No es el momento. No estoy preparad@. Ya lo haré cuando tenga más tiempo, más dinero, menos miedo, más seguridad…

Y así, casi sin darte cuenta, puedes pasarte media vida protegiéndote de la propia VIDA.

No creo que vivir sea hacer continuamente cosas extraordinarias. Para mí vivir tiene mucho más que ver con dejar de necesitar que todo sea cómodo, seguro y previsible para atreverte a experimentar.
Porque la zona de confort tiene algo muy tramposo: muchas veces no estamos bien dentro de ella, simplemente estamos acostumbrados.

Y llega un momento en el que tienes que preguntarte qué te está costando más: aquello que te da miedo hacer o todo lo que estás dejando de vivir por no hacerlo.
Yo lo tengo claro: Que el deseo de VIVIR siempre sea más grande que el miedo.

Hay un refrán que dice:QUIEN QUIERA PECES, QUE SE MOJE EL C**O.Nos han vendido una idea del amor bastante cómoda. Que si...
27/08/2026

Hay un refrán que dice:

QUIEN QUIERA PECES, QUE SE MOJE EL C**O.

Nos han vendido una idea del amor bastante cómoda. Que si es amor, fluye. Que si es la persona correcta, será fácil. Que si tienes que trabajarlo demasiado, quizá no sea ahí.
Pues yo cada vez me lo creo menos.
Que sea la persona depende de tu propio autoconocimiento para saber elegir, pero lo que sí sé es que, quien no esté dispuesto a trabajar el amor, por muy grande que sea, se vuelve infructífero si no se trabaja. Porque siempre suceden cosas y de cómo la gestiones, de cómo aprendas a amarte y amar, obtendrás un devenir u otro.

El amor se trabaja, como el ser humano hizo con la tierra.
Se prepara, se cuida, se riega, se espera… y también hay épocas en las que parece que no crece absolutamente nada.

Porque amar no es encontrar a alguien que nunca te incomode.
Amar también es encontrarte contigo en todo lo que el otro te muestra.
Hablar cuando sería mucho más fácil callarte, escuchar cuando lo que escuchas no te gusta, reconocer tu propia mi**da sin hacer responsable al otro de ella y aprender a poner límites sin necesidad de dejar de amar.

Queremos relaciones profundas, pero sin conversaciones incómodas. Queremos intimidad, pero sin mostrarnos de verdad. Queremos confianza, pero sin correr el riesgo de ser vulnerables. Queremos amor consciente, pero sin tener que hacernos conscientes de nosotros mismos.

Y así no funciona.
Quien quiera peces, que se moje el c**o, así que quien quiera AMOR, que esté dispuesto a trabajar la tierra. A mirarse, responsabilizarse, comunicarse, equivocarse, reparar y volver a elegir.
“Porque al final no es solo lo que haces, es desde dónde lo haces”.

Martha García

Hay personas que están agotadas y todavía se sienten orgullosas de poder con todo. Yo también confundí durante mucho tie...
23/08/2026

Hay personas que están agotadas y todavía se sienten orgullosas de poder con todo. Yo también confundí durante mucho tiempo ser fuerte con no necesitar a nadie, con resolver, sostener, decidir, anticiparme, hacerme cargo de todo y, además, decir: «No pasa nada, yo puedo».

Y sí, claro que puedes. El problema es que que puedas con todo no significa que tengas que seguir haciéndolo.

A veces eso que llamamos independencia no es libertad, es una defensa. Aprendiste que si tú no estabas pendiente, las cosas podían salir mal. Que pedir era molestar. Que confiar era arriesgarte. Que bajar la guardia podía salir demasiado caro. Y sin darte cuenta te convertiste en alguien tremendamente resolutiv@. Fantástico para sobrevivir, agotador para vivir.

Porque llega un momento en el que ya no sabes recibir sin sentirte en deuda, delegar sin supervisar, descansar sin culpa o permitir que alguien te cuide sin pensar que seguramente tú lo harías mejor.

Y aquí viene la parte que quizá no te guste escuchar: no puedes pedir una vida en la que sentirte sostenid@ mientras sigues empeñad@ en demostrar que no necesitas a nadie.

No se trata de hacerte débil ni de esperar que alguien venga a salvarte. Se trata de darte cuenta de que quizá llevas demasiado tiempo preparad@ para salvarlo todo.

Y eso también se puede soltar.

Porque tu verdadera fortaleza no está solamente en todo lo que eres capaz de sostener. También está en reconocer cuándo ya no necesitas seguir haciéndolo.

¿Quieres que te cuente cómo? Agenda tu sesión online.

Martha García

A veces no necesitas hacer nada más. Ni entenderlo todo, ni encontrar inmediatamente la respuesta correcta. Necesitas de...
19/08/2026

A veces no necesitas hacer nada más. Ni entenderlo todo, ni encontrar inmediatamente la respuesta correcta. Necesitas dejar de escapar de lo que está ocurriendo dentro de ti.

Te enfadas y respondes desde la herida. Te comparas y, casi sin darte cuenta, empiezas a medir tu vida con la vida de otro. Dices que sí cuando querías decir que no porque perder la aprobación de alguien todavía te asusta más que ese pequeño abandono hacia ti que sucede cada vez que eliges traicionarte para no incomodar.

Y luego dices que estás perdid@.

Quizá llevas demasiado tiempo intentando encontrarte fuera: en lo que alguien piensa de ti, en una respuesta que no llega, en lo que crees que deberías haber conseguido ya o en esa necesidad agotadora de tenerlo todo claro antes de atreverte a dar un paso.

Hay días malos y emociones incómodas. Déjalas atravesarte sin convertirlas inmediatamente en una historia sobre quién eres. No todo lo que sientes necesita una solución; mucho menos una reacción.

Cuando haya demasiado ruido, haz silencio. Si estás enfadad@, espera antes de responder. Cuando aparezca otro “sí” que en realidad quería ser un “no”, mira qué temes perder. A veces ahí está la verdadera respuesta.

Y vuelve a ti. A tu camino, a tu voz, a ese lugar desde el que no necesitas que todo fuera cambie para recuperar tu centro.

Porque quizá nunca puedas elegir todo lo que ocurre en tu vida, pero hay algo que transforma por completo la experiencia: hacer consciente desde dónde lo estás viviendo.

Martha García

*La felicidad es una elección, pero no una culpa*Decir que la felicidad es una elección ha hecho que algunas personas se...
16/08/2026

*La felicidad es una elección, pero no una culpa*

Decir que la felicidad es una elección ha hecho que algunas personas se separaran de mí. Lo recibieron como un ataque, como si al decirlo estuviera culpándolas de su tristeza, de su ansiedad, de sus circunstancias o de no saber salir de un momento doloroso.

Y no. No hablo de culpa. Hablo de responsabilidad. Y para mí hay una diferencia enorme.

Hay cosas que pasan y que jamás hubiéramos elegido. Personas que se van, enfermedades, pérdidas, traiciones, accidentes, situaciones que te cambian la vida en un instante. Sería muy poco compasivo decirle a alguien que simplemente “elija ser feliz” mientras está atravesando algo que le duele.

El dolor forma parte de estar vivos. Lo que ocurre es que, después de ese dolor, llega un momento en el que tenemos que decidir qué hacemos con él.

Podemos convertir lo ocurrido en nuestra identidad, repetir durante años la misma historia, buscar culpables y esperar que algo externo cambie para permitirnos volver a vivir. O podemos preguntarnos, incluso con lágrimas en los ojos: ¿y ahora qué puedo hacer yo con esto?

Eso es responsabilidad interior.

No elegiste todo lo que te pasó, pero llega un momento en el que sí puedes empezar a elegir qué haces con lo que te pasó. Y quizá al principio solo puedas elegir una cosa muy pequeña: pedir ayuda, levantarte de la cama, dejar de alimentar un pensamiento, perdonar, aceptar o simplemente reconocer que no quieres seguir viviendo de la misma manera.

Para mí, la felicidad no significa estar alegre todo el tiempo. Significa dejar de entregar mi paz a la condición de que la vida sea como yo quiero.

Por eso sigo creyendo que la felicidad es una elección. No una elección fácil, inmediata ni superficial. A veces es una elección que tienes que hacer cientos de veces hasta aprender a vivirla.

No eres culpable de todo lo que te ocurre. Pero hacerte responsable de lo que haces con ello puede devolverte la libertad.

13/08/2026

*Gayatri Mantra*

Hay momentos en los que no necesitas entender más. Necesitas hacer silencio.

El Gayatri Mantra siempre me ha parecido una invitación a eso: a dejar por un instante todo el ruido con el que intentamos resolver nuestra vida y volver la mirada hacia esa luz que también existe dentro.

No se trata de pedir que desaparezcan los problemas, ni de repetir unas palabras esperando que algo mágico ocurra fuera. Para mí, su fuerza está en recordar que podemos pedir claridad para nuestra mente, para poder ver de otra manera aquello que estamos viviendo.

Porque muchas veces no necesitamos otra vida. Necesitamos dejar de mirarla desde el miedo, desde las heridas, desde todo aquello que aprendimos y que confundimos con nuestra identidad.

Cuando canto un mantra no intento escapar de lo que sucede. Intento entrar más profundamente en mí para observar desde dónde lo estoy viviendo.

Y quizá por eso el Gayatri habla de luz.

No de una luz que venga a salvarte desde fuera, sino de esa conciencia que ilumina aquello que permanecía escondido y te permite recordar.

Recordar que detrás del personaje sigue estando el SER.

Detrás del miedo está el amor. , como detrás del ruido está el silencio.
Y detrás de todo aquello que creíste que eras, algo que nunca necesitó ser reparado, porque despertar no consiste en encontrar una respuesta.

Consiste simplemente en hacer suficiente silencio para poder recordar quién eres.

*El amor no necesita apellidos*A veces hablamos de amor incondicional y pienso que quizá al amor, cuando es Amor de verd...
11/08/2026

*El amor no necesita apellidos*

A veces hablamos de amor incondicional y pienso que quizá al amor, cuando es Amor de verdad, ni siquiera habría que ponerle apellidos.

Porque amar no es dar esperando que el otro me devuelva. No es cuidar para que me cuiden, estar para que estén, ni hacer todo lo posible para convertirme en alguien imprescindible en la vida de otra persona. Cuando detrás de lo que doy existe una expectativa oculta de recibir, quizá no estoy amando tanto como estoy intentando cubrir una necesidad.

Y esto es incómodo de reconocer, porque podemos hacer cosas preciosas por los demás y, sin embargo, hacerlas desde el miedo. Miedo a que se vayan, a no ser suficientes, a no sentirnos elegidos, a quedarnos solos. Entonces empezamos a llamar amor a la necesidad de que alguien venga a llenar aquello que nosotros todavía no hemos sabido mirar.

Para mí, amar de verdad tiene mucho más que ver con la libertad. Con poder elegirte sin dejar de quererme. Con poder marcharte sin que yo necesite convertirte en culpable. Con darte sin llevar después una contabilidad emocional de todo lo que hice por ti.

Eso no significa que no necesitemos reciprocidad en nuestras relaciones, ni que tengamos que permanecer donde no somos cuidados. Significa que puedo elegir no quedarme y seguir amándote. Puedo decidir que algo no me hace bien sin necesitar odiarte para alejarme.

Quizá por eso el amor verdadero es tan difícil de explicar y tan fácil de reconocer cuando aparece. No aprieta, no negocia, no posee. No necesita que seas quien yo quiero para poder amarte.

Y cuando amas así, curiosamente, también empiezas a descubrir cuánto de lo que llamabas amor era miedo a perder.

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