05/09/2026
Después de tantos años dedicada a esta disciplina, he escuchado muchas cosas.
He llegado a escuchar y a ver cómo, para sostener sus propias afirmaciones, algunas personas menosprecian el método.
Incluso llegaron a corregirme por utilizar la palabra Powerhouse:
“Eso no existe”.
Yo nunca quise demostrar que sabía más.
Desde que comencé la universidad en Buenos Aires hice mía una frase tradicionalmente atribuida a Sócrates:
“Solo sé que no sé nada”.
Nunca la entendí como una renuncia al conocimiento, sino como su verdadero punto de partida: reconocer lo que desconocemos mantiene viva la curiosidad y nos permite continuar aprendiendo.
La humildad, sin embargo, es una palabra demasiado grande para adjudicársela a uno mismo. Todos pecamos alguna vez de no serlo.
Quizá lo importante sea reconocer cuándo habla nuestro orgullo, revisar nuestras certezas y regresar a la pregunta.
En mi búsqueda casi obsesiva de la verdad he encontrado el fascinante camino hacia la iluminación, pero también el duro proceso del aprendizaje: cuestionar, desaprender, corregirse y volver a comenzar.
Mi intención siempre fue acercarme al legado, comprenderlo y respetarlo.
Hoy, por fin, me siento profundamente agradecida y feliz, siempre aprendiendo dentro de este maravilloso camino.
Porque existe una parte de esta disciplina que ninguna universidad puede enseñar por completo ni cabe dentro de un título.
La enseñan los alumnos.
Sus cuerpos.
Sus procesos.
Sus dificultades.
Sus avances.
Y cada día compartido dentro de una clase.
Powerhouse.
SROM.
Taking Care.
Assistance.
Time & Flow.
No son solo palabras.
Representan una manera de observar, cuidar, asistir y enseñar.
Humildad. Respeto. Trabajo.
No como méritos que se proclaman, sino como principios a los que intentamos regresar cada día.
Y detrás de todo esto siempre está lo principal: ayudar a las personas que confían en nosotros.
Lo real es infinito. ♾️