28/08/2026
Hoy nos toca despedir a un amigo.
Nos ha dejado Jorge, quien durante tantos años fue conserje del Polideportivo de Comillas y, sobre todo, una persona muy querida por todos los que formamos parte de nuestra Escuela.
Hablar de Jorge es hablar de una excelente persona, cercana, servicial y siempre dispuesta a ayudar. Durante todos los años en los que compartimos con él el día a día del polideportivo, nuestra Escuela encontró mucho más que a la persona encargada de aquellas instalaciones: encontramos a un amigo.
Siempre tuvo para nosotros una buena palabra, una sonrisa y una mano tendida. Colaboró con cariño en cada actividad, campeonato, exhibición o iniciativa que organizamos, haciendo fáciles muchas cosas y consiguiendo que nos sintiéramos siempre como en casa.
Guardamos con especial cariño el recuerdo del día de su jubilación, cuando quisimos hacerle una pequeña despedida. Fue un día muy especial para nosotros. Sentíamos cierta tristeza porque se marchaba de su puesto de trabajo alguien con quien habíamos compartido tantos momentos y porque sabíamos que ya no podríamos contar con su presencia diaria, pero, al mismo tiempo, nos hacía enormemente felices saber que comenzaba una nueva etapa en la que podría disfrutar de su merecida jubilación, de su familia y de todo aquello que quería.
Jorge fue un marido y un padre fantástico, un abuelo orgulloso y, por encima de todo, amigo de sus amigos.
Y fue también un hombre profundamente unido a la mar, que formó parte de su vida y, de alguna manera, también de su forma de ser. Su mirada siempre terminaba encontrándola. Primero desde aquel Bar El Cantábrico, junto al muelle de Comillas, y después, ya con los años, en cada uno de esos días en los que parecía imposible que no hubiera un momento para volver los ojos hacia ella. Porque quien ama verdaderamente la mar nunca deja de mirarla, aunque sea desde la distancia.
Hoy queremos acompañar especialmente en su dolor a Anabel, su mujer; a su hija Sara; a Sergio; a su nieto Lucas, y al resto de su familia y seres queridos.
No existen demasiadas palabras que puedan aliviar una pérdida así, pero sí queda todo lo vivido, el cariño sembrado durante tantos años y el recuerdo de una persona que dejó huella en cuantos tuvimos la suerte de conocerle.
Desde nuestra Escuela solo podemos decirte:
Gracias, Jorge.
Gracias por tantos años de cariño, de ayuda, de amistad y de buenos momentos.
Te recordaremos siempre con una sonrisa y, seguramente, muchas veces mirando hacia ese mar que tanto quisiste.
Descansa en paz, amigo.
Un abrazo enorme para toda tu familia.