23/03/2026
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Yo conozco a mi burra👴🏼🐴
Como todo niño de campo,
aprendí imitando a mis mayores.
Quería hacer todo lo que hacía mi abuelo.
Primero partir el pan para los perros.
Luego echar de comer a los conejos.
Recoger los huevos de las gallinas.
Y traer al mulo de carear.
Hasta que un día decidí dar un paso más.
Se acabó eso de ir andando delante.
Yo también me subiría.
Como hacía mi abuelo.
Me subí a una piedra,
salté a la grupa,
agarré el cabestro y la crin
e intenté mantener el equilibrio.
El mulillo siguió su camino.
Y al principio…
parecía que todo iba bien.
Pero duró poco.
No hacía caso.
Ni giraba.
Ni frenaba.
Yo gritaba:
¡Alto!
¡Párate!
¡Detente!
Nada.
Era una pulga encima de un elefante.
Mi presencia no significaba nada para él.
Ya íbamos carril abajo
cuando pasamos junto al huerto de mi abuelo.
Levantó la cabeza,
miró la escena
y dijo, sin levantar la voz:
—Quieto, mulillo.
Y el animal se paró en seco.
Como si lo clavaran al suelo.
No era más fuerza.
Ni más gritos.
Era la palabra correcta.
Hoy en día, en el entrenamiento,
está todo inventado.
Rutinas, ejercicios,
planes perfectos sobre el papel.
Pero eso no es lo difícil.
Lo difícil es saber
qué necesita cada persona.
Ahí está el trabajo del entrenador.
Al principio es ensayo y error.
Pero con el tiempo,
cuando conoces al deportista,
empiezas a acertar.
Cada vez más.
Por eso mi abuelo paró al mulo
y yo no.
Porque él lo conocía.
Y en esto del entrenamiento pasa igual.
Cada uno tiene que aprender
a conocer su burra.
Que nadie se nos ofenda 😜.
Nos vemos en las montañas.
Sed curiosos y curiosas.
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