MTB Castellón

MTB Castellón 🚵 MTB desde Castellón
🎥 Rutas, retos y pruebas de material
👕 -10% en Siroko. Código: MTBCASTELLON
👇 Productos y recomendaciones
https://mtbcastellon.com

Hubo un momento, en el Cabezo de las Cruces, en el que lo más sensato habría sido bajarme de la bici y no seguir.No porq...
11/06/2026

Hubo un momento, en el Cabezo de las Cruces, en el que lo más sensato habría sido bajarme de la bici y no seguir.
No porque quisiera abandonar.
Sino porque el cuerpo ya no respondía, las rampas duras las hacía andando, el pulso no subía y me estaba adelantando todo el mundo.
Pero todavía había una cosa que seguía a mi favor: me daban los tiempos.
Y mientras dieran, iba a seguir avanzando.

No sé muy bien por dónde empezar, porque esto no ha sido simplemente una carrera. Ha sido una pelea larga, una estrategia llevada al límite y, sobre todo, una de esas experiencias que se quedan dentro para toda la vida.
Este año llegaba como llegaba. Siendo padre de dos, con una niña de pocos meses en casa, entrenar volumen no siempre es posible. Tiradas largas, pocas. Días de muchas horas encima de la bici, menos de los que me habría gustado. Yo era consciente de que físicamente no llegaba bien.
Así que si no podía ganar por piernas, al menos tenía que intentarlo por cabeza.
Y ahí estaban mis bazas: experiencia en la prueba, un recorrido que me conozco como la palma de mi mano, el saber dónde apretar, dónde no gastar ni un vatio de más, dónde comer, dónde beber, dónde parar lo mínimo y dónde simplemente sobrevivir.
Ya sabes: sabe más el diablo por viejo que por diablo.
Los días previos intenté hacer todo lo que estaba en mi mano. Nada de alcohol, comer limpio, afinar hasta mitad de semana y luego cargar hidratos de forma progresiva para llegar con los depósitos llenos. Aunque la noche previa se duerme poco, porque entre madrugón y últimos preparativos es casi inevitable, me levanté ligero y muy tranquilo, cero nervios. Y ya desde la primera pedalada noté que el motor respondía.
La estrategia estaba mirada al milímetro.
Llevaba preparado qué tenía que coger en cada punto, bolsitas organizadas, comida pensada, cambios rápidos de bidón y mochila, y la ayuda de Samuel, Mari Carmen y Luis, que fue absolutamente clave. Sin ellos, habría sido imposible llegar en tiempo.
Mientras mucha gente paraba en los avituallamientos, yo intentaba pasar casi siempre de largo o parar lo mínimo. Comía en marcha, bebía en marcha y aprovechaba cada segundo. No porque fuera más fuerte, sino porque no tenía margen para regalar nada.
También hubo pequeñas decisiones que parecen tonterías, pero en una prueba así suman muchísimo.
Salí de blanco arriba porque, aunque daban nublado y lluvia, sabía que si salía el sol en la zona central podía pegar fuerte. Y así fue: casi todo el día fue fresco, hasta el punto de que llevé manguitos durante las 17 horas, pero entre Cedramán, La Cañada y Puerto Mingalvo salió el sol y subieron mucho las temperaturas. Ahí agradecí muchísimo haber elegido bien la ropa.
También llevé un culote de gama alta, de esos que puede doler pagar, pero que en una prueba así pueden retrasar fatiga y marcar diferencias cuando llevas diez, doce o quince horas sobre la bici. Nunca había llevado uno así, y esta vez cada pequeño detalle contaba.
La salida en Alcora fue como siempre: amaneciendo y yo colocado lo más adelante posible. No porque pretenda a salir fuerte -todo lo contrario-, sino porque entre salir delante o salir de los últimos puede irse fácilmente un minuto. Y para mí, ese minuto es oro.
Al principio todo fue bastante bien. En la primera ascensión buenas sensaciones, y en los primeros descensos empecé a hacer lo que tenía que hacer: recuperar tiempo bajando, siempre con seguridad, pero sin dormirme y en las sendas técnicas intentaba también bajar a mi ritmo. Sabía que ahí no podía permitirme perder tiempo detrás de alguien que me frenara.
El primer gran examen llegó en el Salto del Caballo. Una subida durísima, especialmente en su parte final. Pero ahí ya noté que iba mejor que en 2025: mejor hidratado, con más chispa y con el cuerpo funcionando. Pasé el contro de Coronetes dentro de tiempo. No sobrado, pero dentro.
En el Castillo de Villamalefa seguía con buenas sensaciones, aunque los tiempos tampoco eran una maravilla. Pasé con margen, pero menos del que me hubiera gustado. Ahí ya estaba claro que no iba a ser un día de ir cómodo. Iba a ser un día de ajustar, de medir y de no fallar.
Después vino Cedramán, una de esas zonas que siempre me gustan, con una senda rápida donde pude entrar sin tráfico y hacerla a mi ritmo. Incluso tuve la suerte de encontrarme allí a Alfredo Barrachina y llevarme unos fotones para mi álbum.
Pero poco después llegó el primer aviso serio.
En la subida después de Cedramán empecé a notar que algo no iba bien. El pulso raro, el cuerpo como acelerado, esa sensación de “ojo, que como aprietes aquí, petas”. Una subida que no parece gran cosa, pero siempre se me atraganta. Así que levanté el pie. Bajé ritmo. No intenté ser valiente. Intenté ser listo.
Llegué a Zucaina, solté la GoPro, cambié gafas, recargué comida y seguí. A partir de ahí me fui recuperando. Entre Zucaina y La Cañada volví a encontrarme algo mejor, incluso haciendo montado rampas que otros años hacía andando.
Allí coincidí con Fran, que este año también peleaba por su Piedra. Hicimos unos kilómetros juntos y le dije que si quería venir conmigo, yo tenía los tiempos controlados. Sabía dónde estábamos, qué margen había y qué tocaba hacer. Al final, cada uno fue haciendo su carrera, pero me alegré muchísimo de que también consiguiera su Piedra. La tiene más que merecida.
La Cañada fue uno de esos puntos de “estás dentro, pero no te relajes”. Llegué justo. Muy justo. Y aun así, las cuentas me daban. Saqué el móvil para decirle a mi mujer algo así como: “Creo que llego. Las cuentas me dan”.
A partir de ahí, mochila de hidratación, comida, crema solar en spray para protegerme y refrescarme un poco, y hacia la Cascada del Arquero. Una senda preciosa, pero muy expuesta. Yo tengo vértigo, pero ese día no estaba para contemplaciones. Pedí paso, adelanté donde pude y la hice casi toda montado para no perder tiempo.
Puertomingalvo fue otro punto crítico. Llegué justo al corte, pero con todo ya preparado antes: cambio de mochila, comida, coger la cámara de nuevo, sándwiches… Mi asistencia me lo dejó todo listo en el empedrado y pude cruzar el control sin pararme a comer allí. Había muchos participantes comiendo, y yo les adelanté a base de no parar.
Esa fue una de las claves de todo el día: yo perdía mucho tiempo subiendo, pero lo recuperaba bajando y no parando.
Después vino el Pellejero, una bajada rápida, y luego el Cabezo de las Cruces.
Y ahí empezó la parte realmente dura.
La subida al Cabezo se me hizo eterna. Ya no era fatiga normal. Era como si el cuerpo hubiera entrado en modo ahorro de batería. El pulso no subía, las rampas duras las tenía que hacer andando y me adelantaba prácticamente todo el mundo. No es que pensara en abandonar, pero sí hubo un momento en el que pensé: “Lo más sensato ahora mismo sería bajarme de la bici y dejarlo”.
Pero los tiempos todavía daban.
Y mientras los tiempos dieran, yo seguía.
Arriba estaba el avituallamiento de la horchata y los susos. A 1.000 metros de altura, donde Cristo perdió la zapatilla, suben horchata y susos. Eso también forma parte de la Gigante de Piedra. Ahí sí paré. Dos vasos de horchata y dos trozos de suso, algo de azúcar al cuerpo y para abajo.
El descenso a Cortes de Arenoso me devolvió un poco a la vida. Pude hacer la trialera a mi ritmo, controlando, sin arriesgar, pero disfrutando. En Cortes no paré. Volví a adelantar a gente que estaba en el avituallamiento y seguí hacia la siguiente sección.
Hubo kilómetros favorables donde noté algo de chispa y pude volver a apretar. Luego San Vicente de Piedrahíta, punto donde estaba mi asistencia, soltar mochila, coger comida, coger agua y seguir. Ya no había mucho más margen para inventar.
Antes de Ludiente llegó otra zona que se me hizo larguísima: la bajada de las vacas, la subida a la Loma Benachera y esos falsos llanos eternos que no recordaba tan largos. En medio de aquello, una pareja que iba andando me escuchó venir, se paró y empezó a aplaudirme. Estuvieron animándome durante un buen rato hasta que los alcancé, porque yo iba lento, muy lento. Y esas cosas, cuando vas tan justo, te dan muchísimo ánimo.
En Ludiente llegué con algo de margen, pero ya tocado. Y justo al entrar, susto mecánico: la cadena pegó un latigazo y se quedó colgando. Durante unos segundos pensé que se había partido. Al final no era rotura, había saltado por arriba del último piñón, pero algo no iba bien, la cadena no cogía tensión.
Por suerte, allí estaba el mecánico de Roberto Bou. Mientras yo pasaba el control, comía, cargaba luces, bebida y comida para las últimas horas, él me solucionó el problema. En ese momento no podía permitirme ni una avería ni perder la calma.
Salí de Ludiente hacia la parte final, que no tiene nada de regalo. Primero la subida dura, luego la senda andando, después el kilómetro vertical. Allí me adelantó incluso otro participante caminando, lo que confirmó lo que ya venía notando todo el día: andando iba más lento que otros años.
Y entonces llegaron las escobas.
Los cierres de carrera me alcanzaron y uno de ellos, que me conocía, me dijo algo que me dio muchísima tranquilidad: “Salva, estate tranquilo, que nosotros te vamos a esperar”.
Puede parecer una frase simple, pero cuando vas último, reventado, la noche acercándose y con el cierre encima, que alguien te diga eso te recoloca la cabeza. Me tranquilizó. Me quitó presión. Me permitió seguir haciendo lo único que podía hacer: avanzar.
En la Masía Reduela, antes de la última parte, paré un momento en el avituallamiento improvisado que montado allí. No es avituallamiento oficial, pero estaban esperando con agua, fruta y ánimo hasta el último participante. Y si ésta puede que sea la última edición de la Gigante de Piedra, yo quería dedicarles unos segundos, grabarlo y agradecerles.
A partir de ahí, curiosamente, volví a tener un momento bueno. Me había tomado cafeína por primera vez en todo el recorrido, aún tenía algo de luz y pude hacer la senda de Coronetes a buen ritmo. Llegué al último control, lo pasé de largo y empecé la bajada hacia Figueroles con la poca luz que quedaba.
Decidí no parar a poner las luces hasta que fuera imprescindible. Parar dos o tres minutos en ese momento podía ser demasiado. Bajé todo lo que pude con la luz natural que quedaba, y cuando ya no se veía lo suficiente, paré, puse luces y seguí.
Ahí el ritmo cae sí o sí. De noche no anticipas igual, no ves los baches, no ves las curvas, no ves las marcas hasta que las tienes encima. Figueroles, La Foia, la Pista Jardín hacia Alcora… la última media hora fue simplemente ir sacando lo que quedaba.
Yo sabía que tenía un audio de mi mujer en el móvil, pero no podía ni pararme a escucharlo. Iba tan justo que cada segundo contaba. Además, ella me había dicho que no vendrían a meta porque con la peque, a esas horas, era demasiado tarde. Así que no esperaba verlos allí bajo ningún concepto.
Y entonces, a pocos metros de meta, los vi.
Mi mujer, mi suegro y mi hijo Marc.
Ahí se me desmontó para bien todo lo que había imaginado para la entrada en meta. Cogí a Marc de la mano, como ya habíamos hecho en la Small, y crucé con él el arco de meta.
Último.
A dos minutos del cierre.
Pero dentro.
Allí estaban Óscar Ripollés, K**e Moret, Ruth Dávila, Jesús Fabregat, Toni Peña, la chica que me entregó la Piedra y más gente esperando. Me hicieron fotos, me dijeron que me pusiera con la familia, me entregaron mi tercera Piedra y, además, recibí un premio al último participante: unos guantes firmados por Tinker Juárez y dos fotos dedicadas.
Una de ellas decía: “Don’t quit”.
Pocas frases pueden encajar mejor con lo que acababa de pasar.
Porque no llegué sobrado. No llegué fuerte. No llegué elegante. No llegué con margen.
Llegué porque no dejé de avanzar.
Llegué porque llevaba una estrategia medida al milímetro.
Llegué porque tuve una asistencia espectacular.
Llegué porque conocía la prueba.
Llegué porque bajando podía recuperar parte de lo que perdía subiendo.
Llegué porque mientras los tiempos dieran, no había motivo para parar.
Y llegué porque, aunque por momentos lo sensato parece bajarse de la bici, algo dentro seguía diciendo: un poco más.
La Gigante de Piedra no es solo dura por los kilómetros o por el desnivel. Es dura porque te va quitando capas. Primero te quita la fuerza, luego la comodidad, luego la claridad. Y al final te deja solo con una pregunta: ¿sigues o no sigues?
Yo seguí.
Y esta Piedra, la tercera, seguramente sea la que más he peleado.
Por mucho “NO PAIN NO GAIN” que haya, el Oli “PEDALEA SIEMPRE PARA DISFRUTAR”.
¡Nos vemos por las sendas, máquina!
Oli

Gigante de Piedra





Último participante en cruzar la línea de meta en la Gigante de Piedra de 2026, y tal vez -espero que no- sea la última ...
10/06/2026

Último participante en cruzar la línea de meta en la Gigante de Piedra de 2026, y tal vez -espero que no- sea la última vez que se cruza esa meta.

Llegué dentro de las 17 horas concedidas, con poco más de 2 minutos de margen. Más allá de lo que tuve que pelear, me quedo con muchos recuerdos:

La calidez de los voluntarios, aunque pasé de largo en casi todos los avituallamientos.
El nivelazo de los fotógrafos, todos ellos de 10.
Samuel y sus padres, Mari Carmen y Luis, que me asistieron desde la salida. Sin su ayuda hubiera sido imposible llegar en tiempo.
Al Capo de Fran, que tiene su merecida Piedra!!!
A Jordi, que tuvo que abandonar por avería mecánica, y con quien tengo una pendiente cuando tenga nivel para seguirle rueda.
Al compañero de Alcora que estaba descompuesto cuando quedaba una hora y media para meta. Aunque no lo consiguieras, eres Gigante!!

Llegando a meta -de noche cerrada- esperaba una llegada fría y casi en solitario. Cuál fue mi sorpresa al ver allí a mi familia. Entré de la mano de mi hijo Marc y, tras el arco, me esperaba toda una comitiva: Óscar Ripollés, K**e Moret, Ruth Dávila, Jesús Fabregat, Toni Peña y la chica que me iba a entregar mi tercera Piedra.

Esa Piedra que luché en cada minuto de las casi 17 horas. En cada metro, en cada piedra. Subiendo montado o andando, y volando en las bajadas -sin asumir ningún riesgo-.

Otra sorpresa fue recibir un premio al último participante: unos guantes firmados por Tinker Juárez y dos fotos suyas dedicadas, una con un escueto "Don’t quit".

Y en cuanto pude hablar con los compañeros de meta, rápido a por unas cervezas, porque me las había ganado.

Todo esto fue posible gracias a una estrategia estudiada al milímetro y una selección de equipamiento que me permitió rascar algún vatio aquí o allá.

No sé si habrá más ediciones ni qué mandanga será la siguiente. Solo sé que haré más. Esto es lo que me gusta, esto es lo que más me hace disfrutar.

Por mucho "NO PAIN NO GAIN" que haya, el Oli "PEDALEA SIEMPRE PARA DISFRUTAR"

Nos vemos por las sendas.



06/06/2026

Los 5 productos ciclistas de AliExpress que volvería a comprar

👇 Comenta enlaces y te los envío 👇

05/06/2026

Preparando la siendo padre de dos.

Hoy toca dar un consejo sobre lo que para mí es lo más importante SIEMPRE.

04/06/2026

Preparando la siendo padre de dos.

Hoy toca hablar del entrenamiento de técnica por pista. Y es que ¿requiere técnica bajar por pista?

03/06/2026

Preparando la siendo padre de dos.

Hoy toca pulir la estrategia: avituallamientos, equipamiento, planificación de ritmo...

02/06/2026

Preparando la Gigante de Piedra siendo padre de dos.

Hoy toca adaptación al calor. Entrenamiento a altas temperaturas para tratar de simular las condiciones que se pueden esperar en la parte más dura de la , que justo coincide con las horas de más calor.

01/06/2026

Preparando la Gigante de Piedra siendo padre de dos.

Hoy toca uno de esos pocos entrenamientos largos que ha tenido mi preparación. Bien aprovechado por el Corazón de la Gigante. El famoso bucle de Zucaina.

Con temperaturas por encima de los 30ºC durante la mayor parte del recorrido, este tipo de entrenamientos cumple con múltiples propósitos: medir sensaciones, probar equipamiento, recordar detalles del recorrido y por supuesto, disfrutar de un buen día de MTB en buena compañía.


31/05/2026

A 6 días de la … y hoy me he encontrado bajando como nunca.

Machacamazos, trialera larga, técnica, adrenalina arriba y esa sensación de estar totalmente metido en el momento.

Y sí, igual no era lo más prudente a una semana del reto 😅
Pero es que esto es lo que me gusta del MTB.

La bici, la montaña, la adrenalina, el control, el punto justo de riesgo y esa sonrisa tonta al llegar abajo.

Gozando el MTB.

Dirección

Castellón De La Plana
12006

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando MTB Castellón publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir

Categoría