02/10/2022
Ya lo decía el gran Pau Donès, a través de su pegajosa canción y en su famoso y bien articulado estribillo: “Depende ¿De qué depende? De según como se mire, todo depende”. Y ayer nos atrevimos a salir y mirar de otra forma las comarcas aledañas a Valencia, que tantas veces hemos transitado y recorrido en innumerables kilómetros apasionantes, para preguntarnos: “¿Y qué más se nos escapa?” Y de la nada, la musa nos guio por lo que hubo de llamar - casi acertadamente – la “Ruta de los Castillos” y nos encomendó salir ver otra perspectiva de una ruta ya muchas veces transitada, para ir visitando y retratando todos aquellos lugares históricos que nos enseñan que, a pesar de la impermanencia de la vida, hay emprendimientos que se elevan por encima del implacable paso del tiempo. Pasando la Pobla de Vallbona, nos recibió el Castillo de Benissanò, resplandecientemente alumbrado por los tiernos rayos de sol de medio día. Acto seguido, nos enrumbamos a lo alto de la montaña en Llíria, hacia el Monasterio de Sant Miquel, para desde casi 300 mts de altura, divisar la preciosidad de la provincia de Valencia, sus casitas, sus verdes plantaciones, su olor acaramelado, su aire mentolado. En una vertiginosa bajada y travesía por Marines, llegamos a Olocau donde nuestra musa nos presentó, de forma sorpresiva, el itinerario histórico del Castell del Real, aquel que data del siglo XIII y así, bajo el amparo de la Sierra Calderona, arribar a Bétera, en la que vendría a ser nuestra última parada: El Castillo Palacio de La Baronía, al abrigo de los últimos rayitos de luz. 70 kms de travesía extasiada, de un alegre cansancio que nos hizo recordar nuevamente a Pau cuando decía: “Que aquí estamos de presta’o. Que hoy el cielo está nublado. Que uno nace y luego muere y entonces este cuento se ha acabado”. Fin de ruta.