04/05/2026
Cuenta la leyenda que, en tierras del Reino de Portugal, cuando el siglo XVI aún olía a pólvora, hierro y salitre del Atlántico, cinco valerosos guerreros lucharon hasta el final, dándolo todo; sin relevo, sin tregua… despojados de armas, salvo de la furia del Oso.
Dicen las crónicas que fue en un paso olvidado, entre fortalezas de piedra y caminos de frontera, donde la guerra no daba descanso ni al alba ni a la noche. Allí resistieron. Allí combatieron.
Lucharon de día y de noche. No por honor ni por gloria —pues ya marchaban cubiertos de ambas—, sino porque habían jurado guardar lo que ningún rey podía comprar: la lealtad, la hermandad… y la palabra dada.
no quedaron estandartes ni trompetas que cantaran su nombre… pero la tierra los recordó.
Porque no retrocedieron.
Porque no se quebraron.
Porque lucharon como si en cada golpe rugiera un oso antiguo.
Y desde entonces, en cada frontera, en cada choque de acero, aún se susurra su legado:
Semper Miles Semper Ferox !!