08/01/2018
"El deseo de hacer daño, de herir a otro; ya sea con la palabra, el gesto, o más profundamente. Es poderoso en la mayoría de nosotros, es común y horriblemente agradable. El mismo deseo de no ser herido conduce a herir a otros, dañar a otros es una manera de defenderse a sí mismo. Esta autodefensa toma formas peculiares, que dependen de las circunstancias y tendencias. ¡Qué fácil es herir a otro, y qué delicadeza hace falta para no herir!
Herimos a otros porque nosotros mismos estamos heridos, porque nos sentirnos tan magullados por nuestros propios conflictos y sufrimientos.
Cuanto más torturados estamos interiormente, tanto mayor es el imperativo de ser violentos exteriormente. El tormento interior nos impele a buscar protección exterior; y cuanto más uno se defiende a sí mismo, tanto más ataca a los otros."