19/04/2026
“Hay victorias que no se celebran… se sienten en el alma.” Madrid, 1998.
El fútbol aún no había aprendido a mirarse al espejo.
Aitor Zabaleta, 28 años, hincha de la Real Sociedad, viajó como tantos otros: con una bufanda, con ilusión, con ese ritual sagrado de seguir a los tuyos. Pero nunca volvió. Fue asesinxdo en las inmediaciones del Vicente Calderón por ultras del Atlético de Madrid, en una de las páginas más oscuras que ha escrito este deporte.
No fue un partido. Fue una herida.
Y esas heridas, hermano, no las borra el tiempo. Se transforman.
Años después, la Real Sociedad decidió que la memoria no se negocia.
Que los que faltan siguen jugando en cada balón dividido, en cada gol, en cada lágrima contenida en la grada.
El homenaje fue más que un gesto:
un tifo que hablaba sin palabras,
una camiseta al cielo que pesaba más que cualquier trofeo,
un estadio entero recordando que el fútbol también es memoria colectiva.
Porque hay nombres que no pueden quedar en el olvido.
Porque Aitor no es pasado… es presencia.
Hoy, cuando la pelota rueda, también rueda su historia.
Y el mensaje es claro, incómodo, necesario:
el fútbol sin humanidad no vale nada.
Respeto. Siempre. 🙌❤️