02/08/2026
Tras muchos años enseñando equitación, me he dado cuenta de que lo que más nos cuesta aprender no es la técnica de m***ar a caballo.
Es a parar.
A dejar de hablar.
A dejar de pedir y exigir.
A dejar de querer controlar cada movimiento.
Nos cuesta guardar silencio.
Nos cuesta no hacer nada y, simplemente, escuchar.
Nos cuesta seguir el ritmo del otro ser en lugar de imponer el nuestro.
Nos cuesta, en definitiva, ser coherentes.
Y, sin embargo, es precisamente en la coherencia donde empiezan a ocurrir las cosas más importantes: donde nace la comunicación, la relación y el vínculo.
Porque los caballos nos están hablando todo el tiempo. Nos responden con su cuerpo, con su respiración, con su mirada. Con la forma en la que se acercan... o deciden alejarse.
Nos cuesta dejarles hablar.
Para escuchar de verdad, primero tenemos que bajar el ritmo y estar presentes.
Ellos no entienden de prisas, horarios apretados ni objetivos. Cuando entramos en su mundo, lo hacemos bajo sus condiciones y sus tiempos. No puede ser de otra manera.
Aprender a m***ar es aprender un lenguaje diferente. Un lenguaje sin palabras, donde nuestro cuerpo, nuestra energía y nuestras emociones se alinean.
Donde no hay prisas que valgan.
Significa volver a nuestra propia naturaleza, la que dejamos de seguir ya hace tiempo, pero está allí.
Cuando dejamos de intentar que el caballo nos obedezca y empezamos a comprender lo que nos responde a nuestras propuestas, la relación cambia por completo.
Esa es la equitación que quiero enseñar.
Una equitación donde el caballo no es un instrumento para alcanzar un objetivo ni un medio para conseguir un resultado.
Es un ser vivo con el que aprendemos a comunicarnos desde la coherencia, el respeto, la calma y la confianza.
Nos tomamos un descanso para recargar energía. Volveremos en septiembre con más fuerza que nunca. ¡Feliz verano! 🏖️
♥️🐎🐎🐎♥️