09/03/2026
Luces en Riazor, sombras en el verde: El Dépor se abona al gris
Por:
Riazor encendió sus luces para la gran cita, pero sobre el césped el espectáculo fue de una oscuridad absoluta. Vivimos un partido de crónica negra, de esos que el deportivista veterano —el que ya tiene el callo hecho de tantas batallas en la grada— veía venir desde el calentamiento. Existe una especie de "mal de altura" en el ADN de este club: cuando el rival tropieza y la puerta se abre para dar el zarpazo, el Deportivo, fiel a su historia más trágica, siempre falla. Quizá sea exceso de confianza, quizá un romanticismo mal entendido en este fútbol moderno, o simplemente el vicio de querer sufrir hasta el último suspiro.
Lo que es innegable es que la paciencia del respetable tiene un límite. A la afición no se le puede discutir nada; su fidelidad es de hierro, su aliento es constante en los peores escenarios y su presencia está garantizada en cualquier punto de la península. Lo demostrarán este sábado en Ceuta, afrontando el desplazamiento más farragoso que existe. Sin embargo, ese mismo seguidor se está hartando de ver a un equipo que juega con el freno de mano puesto: sin velocidad, sin alma y, lo que es peor, sin un plan reconocible.
El drama de la pizarra y el "cajón de las rebajas"
Mención aparte merece el balón parado. Es, sencillamente, para echarse a llorar. En una categoría como la Segunda División, donde la estrategia decide ascensos, este Dépor no recuerda lo que es marcar un gol de córner o ejecutar una falta ensayada. Parece que en la era del TikTok y los bailes de vestuario, se ha olvidado el trabajo de orfebrería en los entrenamientos.
En el banquillo, la gestión de Hidalgo empieza a generar dudas razonables. El técnico parece buscar un centro del campo ideal como quien revuelve en un cajón de rebajas buscando una ganga que nunca aparece.
Nombres propios: De castigos y desajustes tácticos
El análisis individual deja más sombras que luces. Barcia sigue siendo el gran olvidado, un jugador castigado por razones que el deportivismo desconoce. La gestión de la zaga es incomprensible: Loureiro, rindiendo a gran nivel como central junto a Noubi, es desplazado por el técnico a la posición de central izquierdo, donde su rendimiento cae en picado al costarle mucho más el perfil. Mientras tanto, Noubi desaparece del once este domingo sin explicación clara, quizás señalado por el fallo del otro día, cuando la responsabilidad fue más de Loureiro que suya.
En la sala de máquinas, el caso **Gragera** es preocupante. Llegó para ser el referente, el jugador diferencial, pero hoy no se ve en el equipo. ¿Tan mal está como para no tener sitio en ese mediocentro que busca Hidalgo?
En la parte positiva, Alti se confirma como la gran sorpresa de la temporada y Quagliata mantiene una regularidad necesaria, menos este domingo que se unió al desafine zagal. Soriano sigue siendo el director de orquesta, pero es un músico solitario; sus compañeros desafinan más que Cañita Brava después de tres funciones. Luismi, que vino con vitola de desborde y calidad, no termina de entrar en la armonía de ese juego que nos vendieron al principio de la temporada.
La pólvora mojada y el factor "revelación"
Preocupa la involución de Mella. El canterano que nos deslumbró con su desborde y gol parece haberse apagado, víctima quizás de tanto baile de posiciones que le ha hecho perder la brújula y la sincronización con Luismi o Soriano. En punta, Mulattieri sigue sin encontrar la tecla; toca y toca, pero no tiene pegada. Y en el fútbol, los goles son amores.
Zakka, "o percebeiro", sigue siendo el máximo realizador tras Yeremay, pero su hábitat natural parece ser el de revulsivo: es ese tema que pincha el DJ para animar a la peña antes de cerrar, pero no sirve como tema principal. Por contra, la verdadera esperanza es Bill. Quienes le seguimos en el Fabril sabemos que es el delantero titular de este equipo. Tiene cosas de futbolista de verdad: sabe aguantar el balón, tiene control y presencia física.
Un cambio de rumbo necesario
Las soluciones están ahí, pero hay que querer verlas. Una defensa de cinco con: Barcia, Noubi y Loureiro; Ximo Navarro de lateral para liberar a Alti de extremo; o la recuperación de Riki y Villares en el mediocentro. Son variantes que el míster se niega a probar mientras el equipo languidece.
Nadie quiere echar a un entrenador, pero la realidad es tozuda: el equipo va a menos. La "Yeremay-dependencia" es absoluta y, con su lesión, el potencial se desploma.
Ustedes, ¿qué opinan? ¿Creen que se debe cesar al míster o que debemos seguir por este camino?
́por ̃a Real Club Deportivo de La Coruña