24/02/2021
El antiguo filósofo Griego Platón fue el primero en proponer una descripción para la lucha interna del hombre con él mismo, comparando el alma con el carro. En el lugar de la Auriga, según Platón, había un principio razonable, dotado de cierta fuerza de voluntad. El mismo carro está tirado por un par de caballos que simbolizan un comienzo noble y sensual. Obedeciendo las manos del conductor, llevan el carro hacia adelante, pero si está cansado o persigue innecesariamente a los caballos, inmediatamente pierde el control sobre ellos, hablando en contra de sus deseos lúcidos.
Nuestra mente también está dispuesta de la misma manera. En una lucha tensa con nuestros "deseos" internos, inevitablemente se cansa, la fuerza de voluntad se debilita y, como resultado, ya no podemos tomar algunas decisiones que requieren un cierto esfuerzo de nosotros. Al cuidar la productividad personal y controlar nuestros deseos internos, queremos hacer que el "conductor" sea más fuerte, de modo que el "carro" siempre conduzca en la dirección deseada. En pocas palabras, siempre queremos ver el resultado de nuestros esfuerzos. Esto se puede lograr entrenando la fuerza de voluntad.