06/03/2026
Yo no elegí al Arsenal, el Arsenal me eligió a mí
A veces uno cree que elige a su equipo.
Pero la verdad es otra: el equipo te encuentra.
Yo nací en 1993, en Ecuador. Nunca fuí buen futbolista, hasta ahora soy pésimo jugando, pero siempre fuí un enamorado del fútbol. De esos que se emocionan con un gol, con una camiseta, con una jugada bien hecha. De esos que sienten que el fútbol no es solo un juego, sino una forma de vivir.
Con el tiempo entendí algo curioso: el destino —o tal vez el Dios del fútbol— quiso que mi corazón se hiciera hincha de equipos a los que les ha costado mucho ganar títulos. Pero a cambio me regaló algo más valioso: emociones que se sienten cada semana como si fueran una final.
Mi historia con el Arsenal F.C. empezó en febrero del 2004.
En Ecuador no transmitían todos los partidos de Europa. Solo algunos, los más populares. Yo conocía varios equipos grandes: Barcelona, Real Madrid, Juventus, Bayern, Inter, Milan… de Inglaterra apenas sabía del Manchester United.
Ese día llegué a la casa de mis abuelos. Mis primos estaban reunidos frente al televisor viendo el partido de la Premier League que tocaba transmitir. No había opción de elegir.
En la pantalla jugaban dos equipos.
Uno vestía de azul.
El otro de rojo.
El azul ganaba 1-0.
Todos en la sala querían que ganara el azul. Todos celebraban cada jugada de ese equipo.
Todos… menos yo.
Y lo curioso es que ni siquiera conocía al equipo rojo.
Pero algo dentro de mí quería que ganara.
Fue como cuando aparece el amor a primera vista.
Entonces pasó algo que todavía recuerdo con claridad.
El número 10 del equipo rojo tomó el balón. Con una elegancia que parecía magia, levantó la cabeza y filtró un pase perfecto entre los defensores. El capitán apareció corriendo, alto, fuerte… y definió.
Gol.
Lo grité con toda el alma.
Como si ese equipo hubiera sido mío desde siempre.
El 10 era Dennis Bergkamp.
El capitán era Patrick Vieira.
Minutos después llegó el gol de la victoria desde un tiro de esquina.
Un córner.
De esos que hoy seguimos esperando con el corazón acelerado.
Recuerdo escuchar a los comentaristas decir algo que en ese momento no entendía del todo:
“El Arsenal sigue invicto esta temporada”.
Ese día terminó el partido.
Pero para mí… empezó algo que no iba a terminar nunca.
Desde entonces empecé a buscar la forma de ver cada partido. No siempre era fácil. A veces tocaba madrugar. O ver resúmenes. Con los años incluso verlos en transmisiones piratas, en idiomas que ni entendía.
Pero nunca dejé de alentar.
Vi momentos hermosos… y también muy duros.
Ese año quedamos campeones pero después...
Vi perder la final de Champions de 2006.
Vi cómo el equipo se desarmaba año tras año.
Vi irse a jugadores que parecían eternos.
Y cuando uno es niño o adolescente hay cosas que duelen mucho… como ver partir a tus ídolos y héroes cuando el equipo más los necesita.
También hubo partidos épicos… pero para los rivales. Remontadas que todavía duelen.
A veces incluso pensé que yo tenía mala suerte.
Imagínense: ser hincha de Barcelona de Guayaquil y no verlo campeón (hasta años después en el 2012)… y luego enamorarme del Arsenal justo cuando empezaba una larga espera por títulos.
Pero con el tiempo entendí algo.
Ser hincha del Arsenal nunca fue elegir el camino fácil.
Aprendimos a celebrar cada pequeña copa.
Cada victoria.
Cada momento.
Porque para nosotros el fútbol nunca fue solo ganar.
Fue creer.
Y hoy, después de tantos años, hay algo que también me llena de orgullo. Ver a un ecuatoriano triunfar en el fútbol europeo. Ver a Piero Hincapié competir al más alto nivel me emociona profundamente, porque representa algo más que fútbol. Representa a un joven de nuestro país que llegó con humildad, con garra, con sacrificio y con sueños. Y de alguna manera, verlo ahí también nos representa a todos los ecuatorianos y latinos que creemos que los sueños sí pueden cruzar océanos.
Yo soy solo un hincha más.
Un niño ecuatoriano que un día gritó un gol frente a un televisor sin saber que estaba empezando una historia para toda la vida.
No sé qué pasará al final de esta temporada.
Pero sí sé algo:
Si estuvimos cuando el equipo sufría,
si estuvimos cuando parecía imposible,
entonces también estaremos ahora.
Porque este club no cae mientras su gente siga creyendo.
Y como dijo el gran fotógrafo del club, Stuart MacFarlane:
“THIS IS MY CLUB. I FU***NG LOVE THIS FOOTBALL CLUB.” ⚽❤️
"Anónimo"