19/05/2022
No queremos ser tratados con indulgencia por nuestros más tenaces enemigos ni tampoco por aquellos a quienes amamos de corazón. ¡Déjenme, entonces, decirles la verdad!
¡Hermanos en la guerra! Los amo de todo corazón: yo soy y era su semejante. Soy también su mejor amigo. ¡Déjenme, entonces, decirles la verdad!
Conozco el odio y la envidia de su corazón. No son lo suficientemente grandes para no odiar ni envidiar. ¡Sean, entonces, suficientemente grandes para no avergonzarse de ello!
Si no pueden ser los santos del conocimiento sean al menos sus guerreros. Ellos son los compañeros y los precursores de esa santidad.
Yo veo muchos soldados: ¡ojalá pueda ver muchos guerreros! Se llama "uniforme" lo que llevan puesto: ¡que no sea uniforme lo que ocultan debajo!
Ustedes deben ser de aquellos cuyos ojos buscan siempre un enemigo, su enemigo.
Y en algunos de ustedes se ve el odio a primera vista.
Ustedes deben buscar a su enemigo y hacer su guerra, una guerra por sus pensamientos. Y, si su pensamiento sucumbe, su lealtad, sin embargo, debe cantar victoria.
Deben amar la paz como un medio de guerras nuevas; y la paz corta más que la larga.
Yo no les aconsejo el trabajo, sino la lucha. Yo no les aconsejo la paz, sino la victoria. ¡Que su trabajo sea una lucha! ¡Que su paz sea una victoria!
No es posible callarse y permanecer tranquilo sino cuando se tienen flechas y un arco; de otro modo, se habla y se pelea. ¡Que su paz sea victoria!
¿Ustedes dicen que la buena causa es la que santifica incluso a la guerra? Yo les digo: la buena guerra es la que santifica todas las cosas
La guerra y el valor ha hecho más cosas grandes que el amor al prójimo. No su piedad, su bravura es la que salvó hasta el presente a los náufragos.
¿Qué es bueno?, preguntan ustedes. Ser valientes: he ahí lo bueno. Dejen que las niñas digan: "Bueno es lo bonito y tierno".
Se les llama gente sin corazón: pero su corazón es sincero, y a mí me gusta el pudor de su cordialidad. Ustedes se avergüenzan de su flujo, y otros se avergüenzan de su reflujo.
¿Ustedes son feos? ¡Pues bien mis hermanos, envuélvanse en lo sublime, es el manto de la fealdad!
Cuando un alma crece, se hace arrogante, y hay maldad en su elevación. Yo los conozco.
En la maldad, el arrogante se encuentra con el débil: pero no se comprenden. Yo los conozco.
No deben tener enemigos más que para odiarlos, y no para despreciarlos. Deben estar orgullosos de su enemigo: entonces, los triunfos de él serán también triunfos de ustedes.
La rebelión es la nobleza del esclavo. ¡Sea su nobleza la obediencia! ¡Sea obediencia su mandato mismo!
Para el verdadero hombre de guerra suena mejor decir "tú debes" que "yo quiero". Y ustedes deben procurar mandarse todo lo que querían.
Qué su amor a la vida sea su amor a sus más grandes esperanzas y que su más grande esperanza sea el más grande pensamiento de la vida.
Y deben oír de mí su más grande pensamiento, y es este: el hombre es algo que debe ser superado.
Asi, vivan su vida de obediencia y guerra. ¡Qué importa la longitud de la vida! ¡Qué guerrero quiere reservarse!
¡Yo no quiero ser blando con ustedes, yo los amo de todo corazón, hermanos en la guerra!
Así habló Zaratustra» (pp. 𝟔𝟐, 𝟔𝟑, 𝟔𝟒)