22/04/2026
Tras ver —o más bien intentar ver— algunos partidos del clasificatorio para el campeonato centroamericano y del Caribe de waterpolo, no puedo evitar una reflexión clara: hay una enorme diferencia entre lo que entendemos como waterpolo y lo que en muchos casos se está practicando como polo acuático en nuestra región.
Cuando hablamos de waterpolo, pensamos en referentes como Serbia, Hungría, Montenegro, Croacia, Italia, Francia, España, además de potencias como Estados Unidos y Canadá. Hablamos de estructura, de conceptos tácticos sólidos, de preparación y de cultura deportiva.
Sin embargo, lo que se ha visto en este clasificatorio dista mucho de ese nivel. Más allá de excepciones como Puerto Rico, México, Colombia y Guatemala, la sensación general es preocupante. Por momentos, el juego parecía más una lucha acuática con balón que un deporte estructurado.
Se evidencian carencias importantes:
falta de criterio en los cuerpos técnicos, ausencia de conceptos tácticos básicos —especialmente en situaciones clave como el hombre de más— y una desconexión evidente con la evolución moderna del juego. Resulta especialmente llamativo en selecciones con tradición histórica, como el caso de Cuba, donde uno esperaría un estándar mucho más alto.
Todo esto abre un debate incómodo pero necesario: la falta de desarrollo real del deporte en la región y cómo, en muchos casos, las estructuras federativas no acompañan —ni impulsan— el crecimiento que el waterpolo necesita.
El caso de República Dominicana es especialmente doloroso. Presentar una selección nacional sin una base sólida detrás refleja más una acción de cara a la galería que un verdadero proyecto deportivo. La desaparición progresiva del waterpolo en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte ha dejado al deporte en una situación crítica. Y, aun así, un grupo de jugadores ha resistido, entrenando en condiciones precarias, sosteniendo el deporte con esfuerzo y compromiso.
Son ellos —los jugadores— los que merecen respeto. No las estructuras que aparecen solo en la foto oficial, pero que han estado ausentes en los momentos donde realmente se construye el deporte.
El waterpolo no puede ser solo una camiseta ni una representación puntual. Es trabajo, formación, planificación y visión a largo plazo. Y eso, hoy por hoy, es lo que más falta en nuestra región