18/05/2026
Reflexión sobre el desamparo de la justicia ante la violencia de género
En la República Dominicana, uno de los aspectos más dolorosos de la violencia de género no es solo el hecho en sí, sino la sensación constante de desamparo que enfrentan las mujeres ante el sistema de justicia. Las instituciones que deberían protegerlas muchas veces resultan insuficientes, tardías o limitadas en sus respuestas.
A una mujer que denuncia violencia, con frecuencia se le ofrece como principal medida una orden de alejamiento. Sin embargo, en la práctica, esto se convierte en una protección limitada, ya que no garantiza la seguridad real de la víctima. Se trata de un documento que depende del cumplimiento del agresor, quien muchas veces ya ha demostrado comportamientos peligrosos e impulsivos. De esta manera, la vida de la mujer queda expuesta, sin una respuesta efectiva que realmente detenga la amenaza.
Otra opción es la casa de acogida, que, aunque necesaria, implica que sea la víctima quien deba abandonar su entorno, esconderse y alejarse de su vida cotidiana. Mientras tanto, el agresor en muchos casos permanece en libertad, con la posibilidad de continuar amenazando o esperando una oportunidad para actuar. Esta realidad genera una profunda sensación de injusticia: pareciera que quien debe huir es la víctima y no quien ejerce la violencia.
Surge entonces una pregunta urgente: ¿por qué no se aplican medidas más firmes hacia el agresor desde el inicio? Resultaría más justo y efectivo que este tipo de personas fueran sometidas a procesos de corrección, vigilancia y tratamiento psicológico obligatorio, que permitan intervenir antes de que la violencia alcance consecuencias irreparables.
Lo más preocupante es que muchas veces el sistema reacciona de manera contundente solo cuando ya existe un delito grave o cuando la víctima ha perdido la vida. Es decir, la acción llega cuando ya es demasiado tarde. Esto evidencia una debilidad en los mecanismos de prevención y protección temprana, que deberían actuar con mayor rapidez y firmeza ante las primeras señales de riesgo.
Como sociedad, es necesario replantear el enfoque de la justicia en estos casos. La protección de la vida no debe depender de que ocurra una tragedia. Las mujeres no pueden seguir viviendo bajo la incertidumbre, sintiendo que las medidas existentes no son suficientes para garantizar su seguridad.
Es fundamental exigir un sistema que actúe a tiempo, que priorice la prevención y que coloque la responsabilidad en quien agrede, no en quien intenta sobrevivir.