01/12/2025
En esta época de vacaciones, en donde recargamos baterías y planificamos el próximo año, nos llega a la memoria aquellos niños en donde hicimos mayor diferencia.
Nosotras amamos enseñar a nadar y respetar el agua. Disfrutamos educar en materia de seguridad en y alrededor de cuerpos de agua.
Pero aquellos niños que cambian su historia de nuestra mano, esos los guardamos en un lugar muy especial de nuestros corazones.
Este pecesito que está conmigo, llegó con miedo a su primera clase, hace ya algún tiempo. Se veía nervioso, preguntaba lo mismo muchas veces, veía en su carita ese miedo de no tener el control sobre lo que pasaba. La clase se volvió emocionalmente drenante para el. Y se volvió un reto para mí. Yo tampoco tenía control sobre ese miedo suyo.
Una mañana de incesantes preguntas, me hizo la que siempre hacía: “qué haremos hoy?” Y le respondí: nos daremos 5 abrazos y te vas.
Sus ojos se abrieron grande de la sorpresa: como profe? Si, me das 5 abrazos y te puedes ir. Esperó su turno, al principio tímido, luego me llamaba para su abrazo. Completó y lo dejé salir.
Los abrazos luego pasaron a ser abrazos en el agua. Esperaba tranquilo que yo lo alzara, le diera un abrazo en la piscina y luego lo subiera. Se empezó a relajar, empezó a confiar en mí. Empezó a llegar contento a la clase. Ya no tenía frío nunca. Ya no se quería ir de primero.
Luego los abrazos incluían una vuelta en el mismo sitio. Luego los abrazos incluían 2 pasos hacia atrás en la piscina. Luego a la rutina se agregaron las burbujas sin mojar los ojos, luego las patadas mientras se daban los pasos.
Luego llegó verano y papá o mamá podían entrar con él a la piscina. Se volvió una fiesta! Con más seguridad ahora hacía burbujas con carita en el agua, pateaba lleno de risas para alcanzar a papá.
Al pasar el verano, ya nadaba soltando a la profe de una mano mientras su carita estaba dentro del agua. Agarraba el muro el solito, y finalmente empezó a relajarse mientras flotaba de espalda.
La profe le hablaba, le recordaba que estaba seguro, que ella estaba con él ahí y que todo estaba bien.
Hasta que un día se relajó tanto que la profe pudo quitar su mano y el quedarse flotando junto a ella.