30/04/2026
"Mi padre nos entrenaba en pistas rotas de Compton. Los blancos nos escupían."
Compton, 1991. 10 años. Mi hermana Venus y yo entrenábamos en canchas públicas con agujeros en el suelo, redes rotas y botellas de vidrio.
Mi padre, Richard, había leído un libro de tenis y decidió que seríamos las mejores. Sin dinero, sin escuela, sin profesores. Solo él, una cesta de pelotas y un sueño.
Los torneos juveniles eran en clubes privados. Al llegar, las madres blancas apartaban a sus hijos. Los padres nos gritaban: "Vuelvan a su barrio". Una vez, un hombre nos escupió en la cara. Yo tenía 12 años.
Mi padre nos decía: "Ustedes no juegan por aplausos. Juegan por venganza".
A los 14, perdí un partido importante. Lloré en el vestuario. Venus me abrazó y me dijo: "El mundo quiere que fracases. Demuéstrales lo contrario".
A los 16, gané mi primer Grand Slam. A los 36, gané mi 23º, con mi hija Olympia dentro de mí. No lo sabía. Jugaba embarazada.
Nadie en Compton imaginó que dos niñas negras cambiarían el tenis para siempre. Hoy las pistas públicas de Compton llevan nuestro nombre.
Pero cada vez que salgo a la cancha, veo la cara de ese hombre que me escupió. No con odio. Con una sonrisa.
Porque ahora él me mira por televisión. Y yo lo miro a los ojos, desde la historia.
Si hoy te dicen que no perteneces, que no eres suficiente… no discutas. Entrena.
El racismo, la pobreza y el desprecio no son obstáculos. Son el calentamiento.
— Serena Williams