16/09/2023
EL BRUJO, NO ERA BRUJO NI CAGÜEIRO NÁ.
Su nombre era Alpimiano, pero le llamaban Nanano, puedo decirlo porque casi todo el mundo lo conoce por el apellido y muy pocos saben de quién les cuento.
Era un hombre casi analfabeto, pero muy inteligente, también muy obstinado, cuando se empeñaba en algo lo daba todo para lograrlo.
Su madre murió cuando apenas tenía dos años, allá por 1924; todos entonces favorecían al pobre huerfanito, lo que alimentaba sus travesuras primero y luego cosas que obligaron al Padre a darle un buen susto con un amigo suyo de la Guardia rural (policía cubana antes de 1959)
Un día, ante la negativa del papá de complacerlo con algo imposible, dijo que se iba a ahorcar y salió de su casa con una soga, estuvo perdido el traviesos muchacho una semana hasta que el viejo, acongojado, prometiera que lo complacería si lo encontraban vivo, enseguida apareció.
En realidad estaba escondido en una frondosa mata de Caimito que estaba en el patio de su casa, con la complicidad de una hermana bajaba en la noche a la cocina a comer y tomar provisiones; de vez en cuando también descendía del árbol y se ponía a recorrer el campo en lugares donde no fuera descubierto.
Era un experto en crear estados de opinión sobre su persona, en función de sus intereses, así hizo creer a muchos que era BRUJO y CAGÜEIRO, le desentrañaré uno de sus secretos:
Los chivos o cabras son animales incapaces de atravesar un rio, les tienen terror al agua, sin embargo Nanano es famoso porque lograba que esos animales rebasen por sus propios medios un rio, dicen que lo hacía gracias a la brujería.
Luego de estudiar cuidadosamente un rebaño de cabras, detecta cual es el macho y las hembras líderes de la manada; a continuación coge al macho y los cachorros de las líderes y las traslada del otro lado del rio. La manada se resiste pero finalmente, lo increíble: Las hembras atraviesan el agua tras sus hijos y el macho líder, todo el resto del rebaño los sigue.
Nanano era jefe de una granja de cría de animales para abastecer un comedor, entre sus obreros había una pareja que dormía en la granja y furtivamente se comían gallinas, gansos, patos y otros animales, escondían los restos y decían que eran los perros jíbaros.
Asumió el reto de desentrañar el misterio, pues por tanto que buscaba nunca encontraba ni plumas, ni rastro de jíbaro alguno; un sábado al atardecer les dice: Bueno yo me voy, no regreso hasta el lunes, tengo una reunión del Partido, preparó todo, montó en el tractor y se marchó.
Alrededor de dos kilómetros del trayecto les dice al tractorista:
Déjame aquí, sigue para tu casa y el lunes temprano ve a recogerme a la casa.
Regresa a la granja sigilosamente, pues los perros lo conocen y no ladran, duerme en una Varaentierra (pequeña casa elaborada con hojas de palma) que había en el patio, se levanta antes de aclarecer y se sube con unos anteojos (prismático) en un árbol copioso que había en las inmediaciones de la granja, desde donde presencia todo, permanece hasta que llega la noche, baja del árbol y se va para La Yaya.
El lunes llama a la pareja y les narra en detalle todo lo que hicieron, como cogieron los animales, quien y donde lo sacrificaron, donde lo cocinaron, quienes se lo comieron y donde escondieron las plumas; Ante la sorpresa se quedan atónitos y expresan: Es verdad que este viejo es brujo, yo me voy.
Picardía criolla, ingeniosida popular, inteligencia o como quiera llamarse, ná de cagüeiro o brujería.