01/06/2025
🧪 ETECSA: en linea con el mundo.
Hubo un tiempo en que mandar un mensaje en Cuba era casi un acto de fe. Los SMS se cobraban por palabra, como los telegramas. Decir “te quiero” salía más caro que demostrarlo. Y tener celular… eso era privilegio reservado: diplomáticos, extranjeros o bendecidos por el sistema. Tener línea era tener línea directa con el poder.
Después vino la genialidad criolla: cobrarle al que llama y al que recibe. Una conversación era básicamente un asalto con tarifa compartida. Pero como buenos cubanos, nos adaptamos. Nació la llamada perdida, el WhatsApp prehistórico de la nación:
Una timbrada: “estoy abajo”
Dos: “llámame tú”
Tres: “te quiero, pero no tengo saldo”
Más tarde, llegaron los 6 segundos gratis, y con ellos, la precisión quirúrgica del cubano. La elocuencia quedó para los poetas. En seis segundos uno podía amar, reclamar, avisar y hasta terminar una relación sin pagar ni un centavo.
Y cuando activaron las llamadas a mitad de precio después de las 12, La Habana se convirtió oficialmente en la ciudad que nunca duerme. No, no es Nueva York. Es La Habana. Entre la humedad, los mosquitos y la ansiedad de aprovechar los minutos rebajados, el cubano se volvió nocturno por decreto.
Aunque lo más glorioso —y perverso— fue la promoción de los tres amigos gratis.
Tres números con los que podías hablar todo lo que quisieras… siempre que los rotaras cada 24 horas.
El cubano se convirtió en el ser más promiscuo y más amistoso de la historia.
Hoy eras mi “mejor amigo”, mañana te cambiaba por mi ex. La fidelidad, como el saldo, era limitada.
Pero la cereza del pastel llegó con la visita de Luisito Comunica a Cuba.
Un viaje que cambió el algoritmo... y los precios.
ETECSA descubrió, casualmente, cuánto gana un youtuber por un millón de vistas.
Y al ver que, en la isla das una patada y sale un youtuber y que por otro lado, medio YouTube estaba aterrizando en La Habana con cámaras, drones y VPNs, hicieron lo que saben hacer: subieron los precios.
Porque si tú vas a contar lo que pasa… que te cueste.
Porque si tú vas a mostrar la isla… que pagues por cada segundo de libertad.
Y así, la conexión dejó de ser un servicio y pasó a ser un filtro de control.
Un tubo estrecho por donde solo pasa lo que les conviene.
Porque, en el fondo, ETECSA nunca fue una empresa. Siempre fue un laboratorio.
Y nosotros: 9 millones de ratones blancos, entrenados entre zonas WiFi, apagones y raspaditas de 5 CUC, creyendo que conectamos… cuando solo nos miden.
ETECSA no comunica: condiciona.
No conecta: controla.
No innova: experimenta.
Y los cubanos, en esa isla en 3G, creyendo que suben contenido.
Pero el contenido verdadero… se los estan lo están "bajando" desde el 59.
ETECSA, Linea con to’el mundo.jjjjj