24/09/2025
Hoy, en el torneo de baloncesto de mi hija menor, mi hija mayor me dijo algo que me impactó mucho como mamá.
La más pequeña estaba en la cancha jugando, y la mayor estaba sentada a mi lado. En una jugada, mi hija en la cancha perdió el balón, lo que causó una pérdida de posesión, y pude notar que se sintió mal. Me miró desde la cancha, nuestras miradas se cruzaron, y yo le sonreí con fuerza mientras le gritaba: “¡Estás bien, sigue adelante! ¡Ahora mucha defensa!”
Un minuto después, la sentaron en la banca y volvió a mirarme. Entonces mi hija mayor me dijo: “Sigue sonriéndole, mamá, sigue sonriéndole.”
“¿Por qué me dices que sonría? Yo siempre les sonrío,” le respondí.
“Ese es el punto —me dijo—. Tú SIEMPRE nos sonríes. Y cuando nos equivocamos, sigues sonriendo. Y entonces nos sentimos mejor y podemos seguir jugando.”
Padres, nunca subestimen el poder de su sonrisa. Nuestros hijos sienten mucha presión por rendir, ganar y brillar en la cancha. Pero ver la sonrisa de su mamá o papá les da la confianza para seguir adelante y dar lo mejor de sí mismos. Especialmente cuando se equivocan.