11/05/2025
“Crónica de una madre cinturón invisible”
Hoy, en el Día de las Madres, me toca hablar como lo que soy: la mamá de un hij@ taekwondista.
No tengo cinturón negro (ni blanco, ni amarillo), pero he recibido más patadas que un domi o una tula… eso sí, todas por accidente, claro, mientras ayudaba a practicar en la sala, con la lámpara tambaleándose y el perrito huyendo asustado.
He pasado de ser mamá a ser entrenadora emocional, chef de comidas llenas de proteínas, chofer de torneo, psicóloga de precombate y, por supuesto, la fotógrafa oficial de cada medalla ganada
(y también de las caídas… que después se ríen, ¿verdad?)
He aprendido que un “¡KIAP!” a veces es un grito de fuerza… y otras, un llamado desesperado porque se olvidaron el dobok, el bucal o el cinturón.
Amo cada momento. Cada vez que veo esa mirada en sus ojos antes de subir al tatami, sé que todo el esfuerzo ha valido la pena. Que esas madrugadas, esos nervios y esos “mamá, me duele pero estoy bien”, “mamá ya me llevas al TKD” han formado no solo a un(a) gran atleta, sino a un ser humano con disciplina, respeto y corazón.
Y aunque yo no lleve uniforme, ni medallas, ni haga giros espectaculares, sé que también lucho en cada combate en silencio, desde la grada, con el corazón en la boca y eso, mis queridos hijos, también es taekwondo… del más puro.
Feliz Día de las Madres para todas las que pelean sin dar patadas… pero con más fuerza que nadie.