14/01/2026
El fútbol es político porque nunca ha sido solo un juego. Es una herramienta de construcción social, de identidad colectiva y sobre todo, de adiestramiento de masas.
En torno al fútbol se congregan millones de personas, se moldean comportamientos, se canalizan emociones y se administran pasiones que, en cualquier otro escenario, serían vistas como fuerzas políticas de primer orden. Negar su dimensión política es desconocer su verdadero alcance dentro de la sociedad.
Los clubes representan mucho más que once jugadores: encarnan territorios, clases sociales, historias de exclusión, resistencia y pertenencia.
El estadio es uno de los pocos espacios donde el pueblo se reúne de manera masiva, se expresa, canta, protesta y se reconoce como colectivo. Eso, por definición, es un acto político. No es casualidad que el poder siempre haya tenido interés en controlar, regular o domesticar estos espacios.
En Colombia, esta realidad es aún más evidente; En una sociedad atravesada por la desigualdad, el conflicto y la exclusión, el fútbol ha sido utilizado tanto como válvula de escape que como instrumento de distracción.
Mientras se promueve el discurso de “fútbol sin política”, se legisla para prohibir expresiones, censurar mensajes, limitar elementos de animación y criminalizar al hincha organizado. Existen leyes, decretos y reglamentos que no buscan seguridad real, sino control social, silencio y desmovilización dentro de los estadios.
Estas restricciones no son neutras: son decisiones políticas que determinan quién puede expresarse, cómo y hasta dónde. Se persigue la bandera, el trapo, el canto y la organización popular, mientras se protege el negocio, el espectáculo vacío y el consumo pasivo. Se tolera al hincha como cliente, pero se reprime al hincha como sujeto político y social.
Por eso, asumir el fútbol como un hecho político no es una elección ideológica caprichosa, sino una lectura honesta de la realidad. Por eso la HORDA COMBATIVA entiende que el fútbol es un campo de disputa, donde se enfrentan el poder económico, el Estado, los intereses privados y la voz del pueblo.
Reivindicar la tribuna como espacio político y social es resistir a la domesticación!! ✊🏾🇳🇬