31/01/2026
Dani, te pido perdón por las lágrimas que te cause, por esa carrera de más que nos rompió el isquisural, por esos empeines ensangrentados, por lanzarte al barro, por obligarte a poner la cara donde muchos temen poner el pie, me disculpó por dejarme vencer del orgullo y llevarte a dejar los guantes amarillos en la maleta -se que los amamos, era lo primero que alistabamos- tapamos a mano limpia, me disculpo por los días interminables, por los almuerzos en buses y trenes, por las tareas en las panaderías, te pido perdón por los días que no te escuché y era verdad que no podías más, te pido perdón por no decirte lo orgulloso que me sentí cada que lucias el brazalete de capitán aquí o en argentina pero necesitaba que supieras que no era fácil, me disculpó por obligarte a llevar huevos y pollos campesinos a los entrenamientos y partidos, me disculpó por hacerte madrugar a correr por la carretera dónde estuviste expuesto a comentarios estúpidos, me excuso por los dedos tronchados, por las raspaduras, los tobillos inflamados, la sangre derramada, incluso las ampoyas en manos y pies, te pido disculpas por la ilusión, por sentir el sueño en nuestras manos y pasar al desazón del fracaso, te pido perdón por no estar para abrazarte antes de que te derrumbaras solo cuando todo estaba terminando, también me disculpó por no celebrar contigo en esa terraza que lloraste por un par de horas quitandote el peso de más de una década de trabajo, lloraste como hombre, tirado en una colchoneta repitiendo esas canciones una y otra vez, donde recordaste ese primer uniforme heredado, el que era de papá, el que mamá coció para acortar las mangas y que no te quedara tan grande, recordaste el potrero y las tardes con tu hermano pateando al arco que hiciste con el y con el abuelo, reiste solo por la adrenalina que era jugar al lado de la lavadora y cada golpe significaba correr a esconderse para evitar el regaño de la abuela, te pido perdón de corazón y aunque parezca absurdo, te juro que lo volvería hacer...