25/08/2021
"De el puente para allá está juanchito, de el puente para acá esta Cali"
Candelaria y su bella historia 'del puente pa'llá'
A media hora de Cali, Candelaria, pueblo de trabajadores de raza. Pueblo que también es una isla, en medio de un océano de caña.
Con los años Candelaria se ha ido alargando tanto como para que en el último tiempo dé la sensación de que es parte de Cali. Justamente por esa cercanía se le reconoce como municipio-dormitorio, pues muchos de sus habitantes viajan a diario para trabajar o estudiar en la ciudad y solo regresar hasta el final de la jornada o hasta que se vaya acercando la hora del sueño.
Saliendo desde Cali, paradójicamente, las primeras señales que hablan del otro tránsito que sube y baja por la vía, son invitaciones luminosas para no dormirse. O al menos para no hacerlo tan solo.
De aquí para allá, Candelaria empieza en el puente que se levanta sobre el río Cauca dándole entrada a Juanchito, el corregimiento que le dio su apellido más sonoro: “… Del puente para allá Juanchito, del puente para acá está Cali… Y en el medio de los dos, pasa el Cauca, pasa el Cauca, buscando el Magdalenaaaa…”, sigue cantando el Grupo Niche gracias a la composición del fallecido Jairo Varela, genio capaz de hacer de una dirección bugueña un golpe de salsa.
Antes, mucho antes, cuando la vida se recuerda en secuencias a blanco y negro y sobre el río navegaban embarcaciones a v***r, ese punto, Juanchito, poco a poco se fue transformando en muelle y luego en un puerto por el que empezó a desembarcar el comercio. Y con el comercio, mucha gente atraída por el siempre olor dulzón de un nuevo comienzo en un nuevo lugar. Muchos llegaron provenientes de la Costa Pacífica.
Muchos del norte caucano. Y entre los corotos y las ilusiones, llegaron con música. Otra música y otra alegría que mezclada con el arraigo cultural de la zona, se tradujo en fiestas que comenzaron a bailarse en el mismo puerto; fiestas tan buenas y tan contagiosas y tan populares, que en 1982 se convirtieron en Los Carnavales de Juanchito: una celebración que al haberse mantenido viva por más de una década, tuvo eco en otras orillas del universo donde alcanzaron a oír el bochinche de que esa ribera del río era un rumbiadero mundial.
Del puente para allá, los avisos que de inicio florecen a lado y lado de la carretera van contando la evolución de la historia, fácil de leer en las fachadas de las discotecas y moteles que se fueron levantando sobre la fama del viejo muelle: a la derecha, cerca de la estación de servicio, ‘Don José’; a la izquierda ahora están ‘Juancho’, ‘Juanchenato’ y ‘Dancing’, que queda al frente de los muros de piedra y el guayacán rosado que dan la bienvenida en el motel ‘Amores’.