04/05/2026
SINCELEJO: FIESTA Y LECCIÓN PARA EL SÓFTBOL COLOMBIANO
Por Waldy Rivas - Presidente de la liga de softbol de Córdoba
El Campeonato Mundial U23 de sóftbol masculino realizado en Sincelejo no solo fue un evento deportivo; fue una demostración de que Colombia tiene la capacidad de organizar escenarios de talla internacional. Pero si algo merece un reconocimiento especial, fue la masiva y constante asistencia del público en los estadios "Mundialista Eduardo Porras Arrazola" y "Mundialista 20 de Enero". Las graderías llenas, el ambiente vibrante y el apoyo incondicional convirtieron cada jornada en una verdadera fiesta deportiva. Esa conexión entre la gente y el sóftbol es un capital invaluable que el país no puede desaprovechar.
En materia organizativa, el balance también es positivo. La logística, el compromiso institucional y el trabajo articulado entre autoridades, voluntarios y dirigentes permitieron que el evento se desarrollara a la altura de las exigencias de un campeonato mundial. Colombia cumplió como anfitrión, y eso hay que reconocerlo sin matices.
En lo deportivo, el torneo dejó claro algo que no admite discusión: el nivel técnico del sóftbol mundial es cada vez más alto. Las potencias tradicionales y los países emergentes demostraron preparación, disciplina y procesos sólidos que hoy marcan diferencias importantes en el terreno de juego.
El balance de Colombia, dos victorias y seis derrotas, generará opiniones divididas. Algunos lo calificarán como un fracaso. Pero sería un error analizar ese resultado de manera aislada, sin contexto. El sóftbol colombiano ha estado atravesando un momento complejo en lo administrativo, y pretender resultados sobresalientes en medio de la incertidumbre institucional es desconocer la realidad.
Eso no significa conformismo. Al contrario, este resultado debe ser un punto de partida. El nuevo órgano de administración, electo, de la federación tiene una responsabilidad enorme: trabajar con seriedad, construir procesos, y dejar de pensar únicamente en participar para empezar a competir con verdadero protagonismo en el escenario internacional.
También es momento de hacer una autocrítica profunda. Durante años hemos caído en el error de sobreestimarnos, de creer que estamos por encima de otras naciones, de mirar por encima del hombro a rivales que hoy nos superan en estructura, planificación y resultados. La realidad es distinta: en sóftbol, como en el fútbol, Colombia sigue siendo un actor secundario frente a países que han entendido mejor el camino del alto rendimiento.
Reconocerlo no es debilidad, es el primer paso hacia el crecimiento. Si queremos cambiar la historia, necesitamos menos discursos triunfalistas y más trabajo silencioso, más procesos de base, más inversión en formación y menos improvisación.
Sincelejo nos dejó una lección clara: tenemos pasión, tenemos público y tenemos la capacidad organizativa. Por eso, el llamado es claro: a la ciudad siga levantando la mano para ser sede de este tipo de eventos, que esté atenta al "vestido" del anfitrión, que fortalezca y prepare a nuestra selección nacional para que también, en lo deportivo, seamos protagonistas de primer nivel.
No podemos cerrar las fronteras; debemos fortalecernos para salir a pelear de tú a tú con todas las potencias mundiales.
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