22/02/2019
¡Comprobado! El fútbol es femenino.
Transcurría el final de la década de los 40 en Cali, la mitad de la familia era roja y la otra mitad era verde. En medio de las dos partes había un niño que se deslumbró más por la tinta de los periódicos que por los colores emblemáticos de su región y fue así como nació un embajador en todo el sentido de la palabra en la Sultana del Valle. Aquel niño se dejó seducir por el Ballet azul del que todos hablaban, de los argentinos que estaban revolucionando el naciente fútbol y una tal “saeta rubia” que estaba haciendo historia en un país sin historia. Luego ese niño se fue a vivir a Bogotá y disfrutó en su plenitud las páginas más doradas de Millonarios y de (quizá) todo el FPC, transmitiendo ese sentimiento a sus semejantes como buen evangelizador. Su primer discípulo fue su hijo, el cual también logró disfrutar una buena tajada del pastel de calidad que se ofrecía en el siglo pasado; ya no estaba Di Stéfano, Báez, Cabillón, Pedernera, Zuluaga, pero sí sonaba Carrizo, Vivalda, el viejo W***y, Barberón y el más querido, el búfalo de San Luis. Sin embargo, ahí hubo un cortocircuito en el paso de la antorcha debido a que aquel hijo no logró tener unas raíces tan fuertes hacia los colores como las que generó hacia los jugadores, así que cuando los jugadores se fueron se llevaron consigo su entusiasmo. Afortunadamente hubo un receptor de esa antorcha vacía y fue el nieto, ese pequeño que mantuvo viva la llama del fútbol del abuelo y le dio un motivo más para seguir conectado a su pasión.
Al día de hoy no sé si lo que me inculcó mi abuelo fue una bendición o una maldición, teniendo en cuenta que este sentimiento hacia algo “que no me da de comer” me ha generado muchas tristezas pero también me ha dado alegrías, pocas, pero de gran calidad que han pagado el precio. Y es acá donde llego a la conclusión de que el fútbol tiene género: es fácil valorar el fútbol europeo muy por encima del fútbol colombiano, es fácil decir: “yo para que voy a ver un Patriotas-Huila si acabo de ver un Bayern-PSG por la Champions League”, es fácil menospreciar el nivel actual del fútbol colombiano argumentando que “todo tiempo pasado fue mejor” (y dicen que el fútbol europeo de antes es mejor que el de ahora), es fácil dejarse deslumbrar por lo superficialmente bonito sin tener en cuenta un valor que es tan importante en el fútbol como en la vida: la fidelidad. Y es justamente ese valor el que le da el género femenino a nuestra pecosa.
Dicha comparación hace que le tome mucho aprecio al fútbol colombiano en general, y es porque una mujer que le genera verdadero amor a su pareja hace que dicha pareja no se deje deslumbrar por superficialidades, sino que valore a su mujer como un todo, con sus defectos y virtudes. Lo mismo pasa con el fútbol, admirar el fútbol europeo es para mí como estar enamorado de un afiche de Scarlett Johansson: es una mujer perfecta, me encanta su sonrisa (sí claro, su sonrisa nada más…) y no podría parar de mirarla, pero en últimas es un afiche de una mujer inalcanzable para mí, la cual solo puedo admirar y de vez en cuando fantasear lejanamente con ella. Por otro lado, el FPC, mi adorado FPC, ¡es mi novia! Aquella que con sus defectos y virtudes está a mi lado, que puedo palpar, que me acompaña, a la que veo en vivo y en directo cada 15 días, la que me hace vibrar con su presencia, de la que me sé toda su información (levante la mano el que sepa el signo zodiacal o el tipo de sangre de Johansson sin ir a Google) y la que tiene la capacidad de determinar con qué ánimos voy a comenzar la semana. Sí, el fútbol europeo es vistoso, estadios llenos, estrellas costosísimas, partidos épicos; pero en mi caso no va a generar la misma emoción que una última fecha del todosVStodos del FPC donde los 8 mejores se permutan incontables veces durante 90 minutos, un clásico contra mi eterno rival así vayamos de último y penúltimo y unos cuadrangulares finales donde no se premia al mejor equipo del año, pero sí se premia al hincha dándonos 6 fechas más de emociones.
Y acá es donde la comparación es más válida: así como con las mujeres, mi abuelo se enamoró de la esencia del fútbol y sus colores, un amor verdadero que perduró a pesar de que los escotes no se vean igual, a pesar de que se haya pasado de un Alejandro Brand a un Ómar Vázquez. Y así como con las mujeres, mi papá se enamoró de su apariencia y lo superficial, un gusto momentáneo que murió cuando los escotes ya no se veían igual, cuando se añoró al fútbol de antes por encima de los “troncos” que juegan hoy, se enamoró de los jugadores y no del fútbol en sí. ¿Qué pasará conmigo? ¿qué tipo de amor es el que siento? El tiempo lo dirá y todo indica que es un amor verdadero, solo puedo decir en mi defensa que prefiero mil veces un arrunchis con mi novia que un afiche de Scarlett Johansson en FullHD.