31/12/2025
No quería terminar el año sin compartir algunas de las palabras de la inauguración de
Como el que no quiere la cosa, una tras otra las piezas fueron encajando.
Decisiones, situaciones y personas empezaron a llegar sin un orden lógico, pero con un propósito que solo entendimos después.
Y así, lo que alguna vez fue una idea abstracta, un sueño, empezó a hacerse realidad.
Hace un poco más de tres años llegamos a Cajicá.
No teníamos un rumbo fijo, pero sí un propósito claro: encontrar las herramientas que nos ayudaran a crecer, como familia y como profesionales.
Las puertas se habían ido cerrando poco a poco en Bogotá, nuestra casa de toda la vida.
Y aunque siempre la habíamos llevado con orgullo en el corazón, ahora nos sentíamos extranjeros en nuestra propia ciudad.
La comodidad se había instalado en nuestra rutina.
Y esa sensación de “¿y esto es todo?” —una familia, un trabajo estable, tiempo de sobra— no iba con nuestra forma de ser.
Entonces, casi sin darnos cuenta, una conversación tímida empezó a cambiarlo todo.
“¿Y si no compramos una casa… y construimos una piscina?”
Esa simple frase empezó a colarse en cada conversación, hasta que dejó de ser una locura y empezó a sonar posible.
Las corridas por Cajicá y los paseos en carro se convirtieron en expediciones, buscando un terreno donde cupiera una piscina.
Y un día, apareció una de esas personas que llegan sin esperarlo.
Con una sonrisa me dijo algo así como: “Una piscina es un tanque… yo le puedo ayudar”.
Y de paso, nos dio un presupuesto —bastante optimista, por cierto— que terminó de encender la chispa.
Desde ese momento, las corridas por el pueblo tomaron otra dimensión.
Hasta que un día dimos con el terreno en el que hoy estamos parados.
Podría contarles las mil anécdotas que vinieron después:
cómo aprendimos qué es un flanche, un perro o un bichiroque,
los tropiezos de la obra, los días de frustración y las noches sin dormir.
Continúa en el primer comentario o texto completo en l bio:
https://andrescastillolatorre.blogspot.com/2025/12/cuarto-carril-cuando-las-piezas.html