04/06/2025
En una calle tranquila de Barcelona, lejos de las multitudes y sin cartel alguno, hay una escultura que detiene a quien la encuentra.
No tiene pedestal. No hay placas doradas. Solo un perro de piedra. Sentado. Esperando.
Fue esculpido por el artista catalán Artur Aldomà Puig y se llama “El perro abandonado”. Y aunque su cuerpo es de granito, su alma parece de carne.
Sus ojos —vacíos y eternos— miran con una mezcla de esperanza y resignación. No busca comida. Busca a quien lo dejó atrás.
Junto a él, un poema grabado en metal:
“Tu raza no importa. Tu nombre no importa. Viniste al mundo para ser mi amigo.”
La gente deja flores en sus patas. Los niños lo acarician. Los visitantes se arrodillan para sacarle una foto… y para secarse las lágrimas.
No es sólo una estatua. Es un recordatorio.
De lo que le debemos al amor leal.
De lo que no debe repetirse nunca más.