14/09/2026
No vi jugar a Jorge Enrique Bermúdez Melo. Me hice hincha del Deportes Quindío en los años 90 en el estadio Centenario, no en el San José, cuando Bermúdez ‘papá’ ya llevaba varios años retirado.
No pude ver por qué era que infundía tanto respeto en las canchas, pero logré conocerlo en las conversaciones con mi papá, con mis tíos, con amigos y con esos hinchas viejos que uno escuchaba hablar del Quindío como si estuvieran contando historias familiares.
En esas charlas siempre aparecía Jorge Bermúdez, el ‘Hacha’. Hablaban de su fuerza, de su carácter, de su entrega, de esa manera de jugar que hacía que los delanteros supieran que por ahí no iban a pasar tan fácil.
Jorge Enrique murió la semana pasada, a los 78 años, y me quedé pensando en eso: yo nunca lo vi jugar y, sin embargo, siento que siempre estuvo ahí.
El Deportes Quindío, para muchos de nosotros, es eje central de nuestras vidas, es Armenia, es el departamento, la infancia, el papá hablando de fútbol, el tío contando un partido de hace 40 años, el estadio, la camiseta, el domingo, las noches de los miércoles, los amigos y una cantidad de recuerdos que no caben en una tabla de posiciones.
Por eso sentimos aprecio por tantos jugadores que ni siquiera vimos. A mí me hablan de Darío Campagna, Alfonso Tovar, Julio Gómez, Medrano, ‘Pichón’ Rodríguez, Pianetti, Alcides Saavedra y muchos más que siento que son como esos familiares que uno no alcanzó a conocer, pero que hacen parte de la historia del
hogar.
Entre todos los que logré conocer y admirar a través de historias y anécdotas hay dos nombres que, para mí, tienen un lugar especial: Roberto Urruti y Jorge Bermúdez ‘papá’.
Urruti porque, además de hacer parte de aquel equipo que nos regaló la única estrella que tiene el Quindío y de ostentar el récord de máximo goleador histórico del club, siempre mostró una devoción inexplicable por nuestra tierra.
Y Bermúdez ‘papá’ porque dedicó toda su vida a la institución quindiana; fueron 608 partidos en los que se puso nuestra hermosa camiseta.
A Jorge Hernán, el ‘Patrón’, su hijo, lo admiro, claro que sí, pero su grandeza, por esas cosas del fútbol, terminó perteneciendo más a otros lugares, al América, a Boca Juniors.
En cambio, la grandeza de Bermúdez ‘papá’ siempre fue nuestra, del Quindío, de Armenia, de nosotros los cuyabros. Bermúdez ‘papá’ se retiró, pero nunca se quitó esa camiseta con la V amarilla en el pecho, y nunca dejó de ser el capitán del Quindío.
Gracias, Bermúdez ‘papá’, por ser de nuestra familia. Gracias por defender tantas veces nuestro escudo y nuestros colores. Gracias por haber escogido al Quindío para construir buena parte de tu vida. Gracias por haberte quedado aquí cuando los guayos ya estaban guardados.
Hasta siempre, capitán. No te vi jugar, pero te sentí jugar en cada historia que me contaron, en cada anécdota que leí; quizás esa también sea una manera de haber estado en la tribuna.
Feliz viaje, cuyabro.