11/11/2019
Dos Tiuques sobrevolando el techo con cierto frenesí, vuelos rasantes con chillidos angustiados para luego subir muy alto batiendo las alas y volver en picada. Sobre el techo de sink, las plumas chasconas y nuevitas, los ojos desorbitados, el pico abierto, las garras rasguñando el metal, las alas torpes apoyándose entre las onduladas planchas, el cuello erguido, se resbala con gran chirrido un polluelo.... ¿Quién no ha visto esto repetidas veces sin admirarse del gran empeño de los padres por enseñar a sus hijos a emprender el vuelo, a pesar de la angustia, de los peligros?...se termina el techo y en un rechazo de último momento, justo en la canaleta, abre sus alas y sale volando...está listo, subirá sin dudas al Borracho, al Puntiagudo, al Sarnoso, planeará sobre las aguas del Rupanco, del Gaviota, sobre las copas de las Tepas, de los Mañíos, de los Ulmos, de los Olivillos, bajará por una lombriz entre las Nalcas, entre las Costillas de vaca, las Quilas, la Murtas, se paseará por las pampas con la cabeza alta y el ojo atento, atrapará un ratón, una laucha, una lagartija. La próxima primavera ya andará tras una novia y hará su nido con trozos de Boqui. Está listo para la vida, sus padres lo ven de lejos, lo dejan ir. Fuertes gritos de Tiuques resuenan en el aire, hacen ecos en la quebrada