16/11/2023
Les quiero contar algo quizá no tan cortito:
Mi idea de comenzar con un Dojo de Karate era poner en práctica mi propio aprendizaje de Karate, al estar lejos de Santiago hace ya más cinco años, no encontré escuelas de Gojyu-Ryu o de Karate de Okinawa en Talca, por lo que necesitaba un sparring para Kitae, Renzoku, Ippon y Nihon Kumite, algo más que un pushingball o un makiwara, por lo que mi objetivo eran clases para adultos. Pero con estos chicos descubrí otra faceta del Karate.
Es difícil llamar la atención de los más pequeños cuando no ofreces un Karate para que se cuelguen medallas al cuello o para participar en torneos, nuestro Karate es para nosotros, para el interior, y también desde el interior, eso me lo enseñan los muchachos cada vez que terminamos la clase y se ponen de pie corriendo para competir por quién llega primero a despedirse de Sensei. Un gran abrazo apretado de despedida me recompone, me levanta el ánimo, me refuerza y me da un empujón para cada día decirme "tú puedes", es como el abrazo de la familia al llegar a casa después del trabajo. Mis respetos para estos chicos que me ayudan a seguir creciendo como Artista Marcial y que también se entusiasman en ser futuros Artistas Marciales, a sus apoderados que clase a clase se esfuerzan en enseñarles de puntualidad y responsabilidad, respeto y muchos valores, porque en el Dojo sólo se refuerzan estos.
Arigatō Gozaimassu!