16/02/2026
Promesas para el deporte en Chile 2022-2025.
Nuevamente, tras cuatro años de políticas públicas deportivas, las promesas se desvanecieron. Otro gobierno que prometió más deporte para todos y todas, y termina con más “pan y circo”. De las 25 promesas de campaña declaradas en el programa de Apruebo Dignidad, ya pocos las recuerdan.
El Instituto Nacional del Deporte publicó hace poco un balance 2022-2025 con el objetivo de dar a conocer los hitos de su gestión. Uno podría pensar que sería una evaluación de su programa de gobierno; sin embargo, la revisión dista mucho de ese fin. Al cotejar este documento con las 25 medidas prometidas, parece que, como en muchos gobiernos, las luces de los eventos deportivos y las millonarias inversiones en infraestructura fueron lo único que se llevó a cabo.
Algunos ejemplos para no olvidar: la “ley de deporte laboral” no avanzó; el objetivo de “fortalecer las organizaciones deportivas” o un “fondo especial para su desarrollo” quedaron en nada. En este gobierno, por resolución, se eliminó a todas las organizaciones con directorio vencido por más de dos años, reduciendo de más de 30 mil organizaciones inscritas a poco más de 6 mil. Tampoco se registran avances significativos en capacitación de dirigentes ni en el fortalecimiento real del FONDEPORTE, un fondo que permaneció prácticamente intacto.
Otras medidas, aún necesarias para un trabajo intersectorial y un desarrollo real del deporte y la actividad física nacional, como el fortalecimiento de los servicios deportivos comunales, el plan nacional de desarrollo psicomotriz, los contratos de trabajo de los y las deportistas de alto rendimiento o el legado post Juegos Santiago 2023, no avanzaron: quedaron en promesas.
La promesa de actualizar la Política Nacional de Actividad Física y Deporte, o fortalecer el derecho a los medios públicos para transmitir competencias deportivas y partidos de fútbol profesional, quedaron solo en anuncios.
De las 25 medidas prometidas, apenas 5 o 6 se implementaron, aproximadamente un cuarto del conjunto de propuestas. En el ámbito del deporte de alto rendimiento, el balance señala que, si bien esa línea es una de las más vistosas, hubo avances en la protección social de los deportistas, pero no en sus derechos sociales ni en el reconocimiento de que el deporte es su trabajo.
Sobre las federaciones deportivas, también parte de las medidas del programa (16), se estima que existen unas 50 organizadas que reciben más del 10% del presupuesto nacional para el deporte (algo más de 20 mil millones de pesos de un total de 185 mil millones que el Estado entrega al MINDEP-IND). Desde 2017 se viene insistiendo en su cambio de constitución (ley 20.737) para una mejor regulación, pero, pese a figurar en el programa, los recursos siguieron entregándose de forma histórica y la pelota quedó para el próximo gobierno.
En cuanto a la Corporación ADO Chile y su transformación, el balance no arroja avances significativos; solo cambios administrativos.
Donde sí se percibe avance o cumplimiento es en la organización de los Juegos Panamericanos Santiago 2023: se realizaron con éxito, sin mayores contratiempos, y el país puede sentirse orgulloso. También, tal como dice el programa, se promovió la “asistencia gratuita de niños, niñas y jóvenes a las competencias” según datos del MINEDUC, con 6.240 menores beneficiados. Pero, como siempre, “problemas administrativos” en las últimas auditorías (2025) revelan deudas superiores a los 9 mil millones de pesos de legado de la Corporación Santiago 2023, que opacan su organización.
En materia de infraestructura para el deporte, el balance muestra inversión y avances considerables: más de 400 mil millones de pesos en el periodo, con un 53% destinados a la Región Metropolitana, dentro del Parque Deportivo Estadio Nacional. Según el balance, en 2024 se realizaron 200 talleres, beneficiando a 3.000 personas; un número modesto frente a la magnitud de la inversión.
Otro aspecto destacado es el esfuerzo en el sistema de competencias, con aumentos sostenidos de beneficiarios, aunque hay que recordar que aún estamos retomando los niveles previos a la pandemia de COVID-19 (2020-2021).
Estos cuatro años estuvieron marcados por una agenda de eventos deportivos. En el balance 2022-2025, se indica que solo en 2025 Chile fue anfitrión de 7 eventos de talla mundial, con un gasto superior a los 16 mil millones de pesos, una medida que no estaba contemplada en el programa de gobierno.
En resumen, la evaluación de las políticas públicas deportivas implementadas bajo el programa de “Apruebo Dignidad” queda corta: una calificación de 3.0 y la advertencia de continuidad del “pan y circo” para una población con problemas de salud. No solo somos campeones en obesidad en América; la salud mental y social del país también muestra signos de deterioro. La esperanza es que la práctica física y deportiva se institucionalice, se desarrolle en comunidad y cuente con el impulso de las organizaciones de la sociedad civil.
Para las próximas autoridades del deporte: cumplir con sus promesas de campaña desde el primer día y evitar desviar atención y recursos del Estado hacia necesidades efímeras o alejadas de las líneas programáticas. Que, por fin, el deporte deje de verse solo como espectáculo y pase a ser una herramienta de desarrollo social y humano.
Claudio Bossay S.
Sociólogo, Magister en Gestión deportiva.