25/07/2025
En el marco del campeonato de básquetbol “Copa Mauricio Klenner” organizado por el Colegio Purísimo Corazón de María, y por cumplirse casi un año de su trágico fallecimiento, como Club Deportivo realizamos un pequeño, pero significativo homenaje a nuestro amigo y compañero Ignacio Rebhein (Q.E.P.D). Un grupo de nuestros jugadores entregó el reconocimientos a la tía Laura, su mamá.
Compartimos de manera íntegra la reseña que fue leída el día de hoy en su honor.
Reseña de Ignacio Rebhein
El año 2024 marcó un antes y un después para el básquetbol de Puerto Montt y de toda la región de Los Lagos. Nos dejó uno de los nuestros, un histórico de las canchas sureñas que, con solo 14 años, arribó desde Fresia para comenzar a forjar una leyenda que trascendió los tableros y se plasmó en el corazón de quienes lo conocieron.
Oriundo de Fresia, Ignacio Leonel Rebhein Rebhein –conocido cariñosamente como “Nacho”, “Vikingo” o simplemente “Vikingo”– comenzó a exhibir sus dotes deportivos en el Colegio Purísimo Corazón de María, donde, desde la selección infantil, llamó de inmediato la atención por su talento y fortaleza bajo la tabla. En aquellos días, solía entrenar incansablemente en la única multicancha de basquetbol que existía en la ciudad, ubicada en los jardines del Hospital de Fresia. Aquel espacio se convirtió en su templo de práctica, donde perfeccionó su tiro, su juego bajo el aro y su espíritu competitivo.
En 1999, Nacho se trasladó a Puerto Montt para integrarse a un nuevo proyecto educativo y deportivo en el Instituto del Pacífico (IP). Este colegio mantenía un convenio con el naciente Club Deportivo Universidad de Los Lagos (ULA), lo que le permitió jugar tanto para el IP como para la ULA, enfrentando numerosos desafíos y consolidándose rápidamente como una pieza fundamentales de ambas instituciones. Con apenas 14 años, debutó en la Liga de Básquetbol del Sur (LIBSUR), protagonizando temporadas inolvidables en las que destacó su impecable técnica, su potencia rebotera y una pasión a prueba de todo.
La trayectoria de Nacho no se limitó al ámbito escolar y universitario; su talento lo llevó a formar parte de las selecciones cadete, juvenil y adulta de Puerto Montt, así como de la selección juvenil de la región de Los Lagos en los Juegos de la Araucanía (Aysén 2000, Santa Cruz 2001 y Temuco 2002). Su desempeño sobresaliente lo condujo incluso a vestir la camiseta de la Selección Chilena Juvenil para el Sudamericano de Colombia en 2001, un logro que celebró con la humildad que siempre lo caracterizó.
Más allá de las canchas, Ignacio se tituló de Ingeniero Ambiental en la Universidad de Los Lagos, continuando sus estudios con dos posgrados en Dirección de Empresas (Universidad de Lleida, España) y Dirección General de Empresas (Universidad San Sebastián). Durante más de 12 años, trabajó como analista ambiental en Aqua Chile, desempeñándose con la misma dedicación y profesionalismo que demostraba en el deporte.
Pero, por sobre todas las cosas, Nacho fue un gran compañero, un hombre generoso, íntegro y cariñoso. La semilla de su calidez humana floreció en su vida familiar, como esposo de Carolina Raurich y padre amoroso de Cris y Catita. El “Vikingo” nos deja el recuerdo imborrable de quien jugó cada balón con coraje y vivió cada día con una sonrisa franca, enlazando el amor por el básquet con el amor por su gente. Su legado trasciende el deporte: es testimonio de entrega, perseverancia y afecto incondicional.
Hoy lo recordamos con gratitud y admiración, sabiendo que su historia seguirá inspirando a quienes, como él, sueñan con lanzar el balón y alcanzar lo más alto, sin perder jamás la nobleza que lo definió en cada faceta de su vida.
Por Patricio Garrido G.