26/04/2023
FUNAKOSHI , Gichin
Mucho se ha escrito y dicho respecto del maestro Funakoshi (probablemente este texto sea uno más): su obra, su aporte, su legado, su gran importancia en el karate moderno, su aporte como “el creador o el padre del karate moderno”, etc, etc.
Pero, ¿a cuántos estudiantes se les enseña lo que él enseñó? ¿Cuántos estudiantes conocen algo más que el mote “creador de karate moderno? ¿Cuántos estudiantes de hoy saben que el karate del mestro Funakoshi es más que keris y tsukis? (nejidaoshi, kusariwa, taniotoshi, kibiwa… por nombrar algunas) ¿Por qué, hoy en día, existen maestros de karate japoneses que miran a Okinawa(cuna del karate) para seguir desarrollando su karate? ¿Buscan acaso aquello que ya estaba en el karate del maestro Funakoshi, pero que continuas “nuevas miradas” terminaron perdiendo?
Obviamente no tengo las respuestas. Solo soy un caminante, un dare demonai que transita en el camino del Do, a veces a los tumbos; pero, que mira con atención ese trabajo primigenio del maestro Funakoshi, antes de los filtros y nuevas miradas de sus sucesores (sea cual sea la rama de la que hablemos).
En este día, 26 de abril, fecha de la muerte del maestro, de un relativamente lejano 1957, hago públicas algunas de mis reflexiones, precisamente asentado en el principio vigésimo del Shoto niju Kun : “Siempre intenta estudiar y expresar lo mejor”. ¿Cómo entiendo esto? Como una constante y continua búsqueda de información de fuentes variadas, de contraste y de prueba.
Respeto la tradición porque “la tradición es una solución para los problemas que se han olvidado. Si eliminamos la tradición, se vuelve a tener el problema” (desconozco el autor, pero le doy el crédito de la cita), mas siempre estudiando para mantenerla actualizada y jamás dejando de desarrollar la práctica personal.
La práctica personal la fundamento en el onceavo precepto del Shoto niju Kun, “El karate es como agua que hierve (si no la calientas constantemente se enfriará).
A 66 años del fallecimiento de O’sensei, lo conmemoraré entrenando y recordando en clases sus veinte máximas.
¡Ganbarimasu!