17/10/2025
*Un poco de nuestra historia de este hermoso Club* 💚🤍
En medio de húmedos bosques y de imponentes volcanes que engalanan el generoso paisaje sureño, se escribe la historia de uno de los equipos amateurs más singulares que participan en la Copa Chile 2009: El Luchador de Coñaripe.
Precisamente el pintoresco balneario ubicado en la precordillera de la Región de los Ríos, con playas de arena volcánica y a orillas del Lago Calafquén, vio nacer a este elenco amateur en 1972, llamado anteriormente Puelche (1951).
Por un asunto de comodidad geográfica, El Luchador decidió desplazarse de su lugar de origen e inscribirse en la asociación amateur de la localidad de Lican-Ray. A partir de entonces compite en La Araucanía, pese a que en rigor pertenece a Los Ríos, ostentando cuatro títulos regionales en su palmarés desde su “resurrección” el año 2000.
“Considerando que en Coñaripe se jugaba fútbol rural, un día los dirigentes en los años ‘70 optaron por jugar en el fútbol de la ANFA. La asociación que nos quedaba más cerca era la de Lican-Ray. Se hicieron los trámites y nos aceptaron. Por eso nosotros representamos a la Asociación de Lican-Ray, pero el club nace en Coñaripe”.
Luchadores y “guerreros”
Coñaripe significa “sendero del guerrero” en mapudungun. Y aunque el origen del nombre El Luchador roza más bien lo anecdótico, Julio Pincheira cree que parte de esta impronta “guerrera” está instalada en el club desde su refundación.
“Cuando se juntaron los dirigentes empezaron a debatir cómo se llamaría el club. Se dieron diferentes nombres y ahí uno de esos personajes que no hablan nunca y salen con una gracia que existe en todos los pueblos, dijo ‘¿por qué no le colocan El Luchador?’ Todos sonrieron, dijeron que no sonaba mal y optaron por dejar al club con el nombre de El Luchador de Coñaripe”.
La mera elección del nombre revelaría sin habérselo propuesto un sello imposible de evadir: una historia sacrificada como todo equipo amateur, de sinsabores y escasos recursos, pero que al mismo tiempo devuelve al fútbol el espíritu auténtico y apasionado que parece perdido en estos tiempos.