29/05/2026
CUANDO UN ENTRENADOR QUIERE CRECER, PERO OLVIDA LOS VALORES DEL DEPORTE
Hay situaciones dentro de la natación que muchas veces se callan para evitar conflictos, pero que muchos ya han visto de cerca.
Entrenadores que intentan crecer buscando alumnos ajenos.
Hablando mal de otros equipos.
Sembrando dudas en los padres.
Prometiendo cosas irreales.
O haciendo sentir a un nadador que “en otro lugar no va a avanzar”.
Y lo más delicado es que, para convencer, a veces minimizan años de trabajo que no les tocó construir.
Minimizan al entrenador que recibió a ese niño cuando apenas aprendía a flotar.
Al que le enseñó a confiar en el agua.
Al que corrigió una y otra vez su técnica.
Al que estuvo presente en sus nervios, derrotas, avances y primeras competencias.
Porque sí, hay etapas.
Hay entrenadores que forman bases, otros que desarrollan talento y otros que trabajan alto rendimiento.
Pero ninguna etapa vale menos que otra.
Ningún atleta llega “hecho” a niveles altos.
Detrás de un nadador fuerte hay años de enseñanza, paciencia, disciplina, equipo y desarrollo acuático.
Cada familia tiene derecho a decidir dónde entrenar.
Pero hay una gran diferencia entre una decisión natural y una estrategia basada en presión, promesas o críticas disfrazadas de consejo.
Cuando un entrenador necesita hablar mal de otro para atraer alumnos, el problema no es deportivo.
Es ético.
La natación necesita más respeto, más unión y menos guerras silenciosas que terminan dañando a atletas, familias y entrenadores.
Porque el verdadero éxito no está solo en llenar carriles.
Está en que tus alumnos permanezcan por confianza, gratitud, respeto y convicción.
Un verdadero entrenador no necesita destruir el trabajo de otros para demostrar su capacidad.
Su trabajo habla por él.
"Club Ironman donde nace un campeón"