22/05/2019
El partido termina y los equipos toman su rumbo, el ganador celebra su triunfo, el perdedor culpa al árbitro. ¿Y el árbitro qué hace, celebra o culpa a alguien?.
El árbitro calla, aguanta en silencio las críticas de los medios y la sociedad, acepta callado las críticas de sus propios colegas, escucha en silencio las duras críticas de su asesor y por si fuera poco llega a casa y escucha los reclamos de la familia por sacrificar fines de semana, por estar en boca de todo el mundo, por entrenar duro y esperar una oportunidad que quizá nunca llegue. El árbitro señores cumple el rol más difícil en el partido, en la vida. Es un ser humano de carne y hueso como el resto, sabe amar, sabe llorar, sabe reír. El árbitro sin embargo, siempre será el verdugo, el carroñero, o lo más típico, el hijo de p**a. Mi madre no es p**a, ninguna madre de mis colegas tampoco, pero así nos conocen, como los más queridos del partido. Sentenciados desde el inicio, como si nosotros marcáramos los goles, o falláramos semejantes goles, como si nosotros patéasemos el balón, como si nosotros nos amotináramos ante un DT, o un compañero.
Alguien dijo una vez: “el Fútbol no tiene lógica”, no la tiene, pero el Fútbol siempre tendrá un culpable y quien mejor que alguien que no puede responder. Cuántas veces no me dieron ganas de ir y golpear a un jugador, por incapáz, por inepto, por flojo, por arrogante, o ganas de salir del campo de juego hacia el mal educado público y gritarles de una vez que su poco conocimiento de las reglas no es motivo de agredir al árbitro, que su ignorancia los hace inhumanos, que hay niños cerca, y así que por ene adjetivos que pudiera yo describir, les cambiaría un minuto mi camiseta y me gustaría que uno de los tantos que nos culpan, uno solo, fuera capaz de hacer lo que hago, arbitrar. Pero no, nosotros no confrontamos, no agredimos, no insultamos, no reaccionamos, no somos lo que nos instan a ser, y no lo somos porque aprendimos que la humildad es un lema digno de nuestro ADN, desde el momento que decidimos ser árbitros adoptamos valores y principios morales antes que reglas de juego.
El árbitro, después del partido, no celebra ,no culpa, porque lo dejó todo en la cancha, alma, vida y corazón.
Es la pura verdad cada fin de semana se vive de esta manera