31/01/2026
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La reverencia no es protocolo: es técnica
La etiqueta en el dōjō no está “al costado” del entrenamiento. En los textos de Saitō, la idea es directa: la reverencia gobierna la práctica de principio a fin. No como ceremonia, sino como una forma concreta de colocarte ante tu compañero con respeto y, al mismo tiempo, con estado de alerta. Saludar bien significa entrar en una relación correcta: sin distracción, sin descuido, sin exceso de confianza.
El saludo de pie no es un gesto neutral. Está ligado a las técnicas de pie: postura, equilibrio, línea de mirada, control del centro y distancia. La forma en que inclinás el cuerpo, cómo sostenés la columna y cómo distribuís el peso entrena exactamente lo mismo que después vas a necesitar en cualquier tachi-waza.
El saludo sentado tampoco es formalidad. Está conectado con el trabajo en seiza, con el desplazamiento de rodillas (shikkō) y con las técnicas sentadas (zagi / suwari-waza). La reverencia desde seiza exige estabilidad real, control de caderas, hombros relajados y un centro bajo que no se quiebra al moverte. Ese mismo cuerpo es el que permite girar, entrar y salir en ura-waza sin perder base.
Por eso el dōjō tradicional cuida estos detalles: porque enseñan sin hablar. Saludar no es “ser educado” solamente; es entrenar postura, atención y estructura desde el primer segundo. Cuando la etiqueta está viva, el cuerpo aprende incluso antes de que empiece la técnica.
Gabriel Benitez©