17/02/2018
FEDERER NÚMERO 1 DEL MUNDO
Un capítulo más en esta serie que no aparece en netflix pero sí en el court central. La temporada más brillante de la historia del tenis, que poco a poco se va acercando a su fin... Pues al personaje principal, ya no le quedan hazañas por cumplir. Una nueva aventura de Roger Federer se desenlazó, y otra vez con final feliz. Su Majestad ganó en los cuartos de final de Rotterdam y retornó a su trono. Cómo siempre nuestro héroe nos complicó la trama, perdiendo el primer set, sabiendo que nos gusta el suspenso. Después nos regaló su danza característica, devolviéndonos la alegría y llenándonos de emoción. Pero esta aventura no es la historia de un guerrero desterrado que busca venganza recuperando lo perdido. No, en la cancha no hay odio ni resentimiento. Se trata de otra cosa: Federer y el Tenis son una metáfora del amor. La historia de nuestro héroe es la de alguien que se dedicó a hacer lo que ama. Él llenó de amor al tenis y el tenis lo llenó de amor a él. Al punto de que por el tenis Roger conoció a la madre de sus cuatro hijos... Y es que no hay otra explicación: cómo explicar que alguien que ya ganó todo lo que jugó disfruta de seguir ganando como si fuese la primera vez, cómo explicar que alguien que ya aprendió todo y se considera el más grande maestro siga inventando cosas nuevas y aprendiendo cosas jamás antes vistas, cómo explicar que siendo uno de los jugadores más veteranos del circuito logre un despliegue físico sin igual, llegando a sepultar una tras otra a las nuevas generaciones que vienen detrás de él. La única explicación es el amor. Ese amor que hace que todos los que lo ven jugar lo sientan tan cercano. Ese amor que lo volvió local en cada rincón del mundo a donde fue a jugar. Ese amor que demuestra con sus sonrisas pícaras y cómplices luego de hacer una jugada totalmente impredecible. “Cómplice de quién?” podría preguntarse, ya que pareciera que el único al que podría imaginársele tal jugada es a él. La respuesta es simple: cómplice del tenis mismo. Federer sorprende al tenis mismo, él tenis mismo recibe el guiño de Federer, y se ríen juntos. Eso es amor. No es pasión, no es enamoramiento. Es un vínculo que sabe de pérdidas, que sabe de dolor, pero va más allá, en dirección a la creatividad y la reinvención. Solo así se puede explicar que nuestro héroe haya pasado de ser un jugador considerado retirado, al número 1 más veterano...