30/04/2026
En el Taijiquan, la transmisión es sagrada. No porque sea mística, sino porque es humana: un cuerpo que aprendió de otro cuerpo, una respiración que se sincronizó con otra respiración, un conocimiento que se transmitió con paciencia..
Puedes aprender de videos, de libros, de aplicaciones. Pero el momento en que alguien se acerca, te corrige la cadera con una palabra, te sostiene el brazo para que sientas el ángulo, o simplemente practica a tu lado en silencio durante años... eso no se reemplaza.
Hoy queremos honrar a esos maestros. No solo a los de larga trayectoria o títulos impresionantes.
También a la compañera de clase que te explicó un movimiento sin que se lo pidieras. Al profesor de artes marciales externas que incluyó Taijiquan clase. Al familiar que te llevó al parque un sábado cualquiera. A la persona que, sin saberlo, plantó una semilla.
El maestro no es solo el que enseña
A veces, el maestro más importante no es el que más sabe técnicamente. Es el que:
Te hizo sentir que podías aprender aunque fueras torpe o principiante.
Te corrigió con respeto (sin humillar, sin impaciencia).
Practicaba lo que predicaba (no solo hablaba, también se movía).
No te hizo dependiente (te enseñó a practicar por tu cuenta, no a seguirlo a él).
Estuvo ahí (clase tras clase, año tras año, sin aspavientos).
Yo, ahora que soy adulto entiendo que he tenido grandes maestras y maestros a lo largo de mi vida, no siempre de Taijiquan, pero si con elementos que ahora entiendo forman parte de mi Taijiquan.
Por ejemplo:
Mi padre. El no sabía nada de Taijiquan formal, pero desde pequeño me enseñó a "respirar hacia la panza" cuando estaba nervioso. Años después, cuando comencé a practicar Taijiquan, reconocí esa respiración. El nunca supo que me estaba introduciendo al camino.
Otro buen maestro fue un compañero de trabajo. Él practicaba artes marciales chinas de hace muchos años y cuando pasamos por la pandemia, me recomendó practicar QiGong para mantener la calma y mejorar la ansiedad, un primer paso para encontrar todos los beneficios de actividades así.
Y el maestro que eres tú.
Si ya llevas tiempo practicando, también eres parte de esta cadena. Alguien más nuevo que tú te observa sin que lo sepas. Tu forma de corregir (o de no corregir), tu paciencia, tu ejemplo de práctica constante... todo eso enseña.
No necesitas un título para ser maestro. Necesitas presencia y generosidad.
Ahora, te toca, comparte con nosotros.
Puede ser un nombre famoso o una persona anónima. Puede ser alguien que ya no está o que todavía está. Puede ser una historia corta o larga. Lo importante es nombrar esa huella silenciosa que muchos tenemos con quien nos mostró que el Taijiquan es más que moverse bonito.