12/07/2025
DARLE SENTIDO A LOS PLIEGUES
Durante siglos, la hakama vistió a nobles, monjes y guerreros. Hoy sobrevive en los dōjō, flotando sobre el tatami como una sombra que evoca una historia que pocos conocen. Aunque se repita que sus pliegues simbolizan las siete virtudes del samurái, esto no es tradición ancestral, sino reinterpretación moderna. Una metáfora pedagógica que no nace en los campos de batalla, sino en el aula del siglo XX. ¿Es eso un problema? En absoluto.
Recordar las siete virtudes sigue siendo esencial. No por los pliegues, sino por lo que representan: un código moral que aún puede sostenernos en tiempos de cinismo y confusión. Pero si vamos a hablar de historia, contemos la verdad: la hakama se diseñó para proteger las piernas a caballo, para ocultar los pies en combate y para marcar el estatus social. Su caída recta y su forma geométrica no pretendían representar valores, sino funcionalidad, dignidad y precisión.
En el Budō, sin embargo, todo lo que se repite con constancia termina cargándose de significado. La forma de atarla, de doblarla, de guardarla. La manera en que exige elegancia sin ostentación. La hakama no te permite caminar sin orden ni pararte sin intención. No te deja mentir.
Como dijo Sandoval Sensei: “Hay que darle sentido a los pliegues.” No lo tienen por sí solos. Nosotros les damos su peso. Su valor. Su verdad.
¿De qué sirve vestirse como un guerrero, si no vivimos como uno?
Gabriel Benitez©