17/08/2017
DIETAS HIPERPROTEICAS
Dietas y Composición Corporal (ISSN). Dietas hiperproteicas
Un asunto común que se presenta a la hora de hablar de las dietas altas en proteínas o hiperproteicas es que tienen varias definiciones subjetivas. Las dietas hiperproteicas han sido referidas como aquellas que alcanzan o superan la ingesta de proteína en un 25% de la energía total. También han sido identificadas en un rango de 1.2 a 1.6 g/kg de proteína. Un trabajo de Layman et al. (citado por Aragon et al., 2017) mostraron que el consumo de proteína al doble de la RDA (1.6 g/kg) repetidamente supera a la RDA (0.8 g/kg) para preservar la masa magra y reducir la masa grasa. Sin embargo, Pasiakos et al. (citado por Aragon et al., 2017) encontraron que el triple de la RDA (2.4 g/kg) no preservaba la masa magra en una medida significativamente mayor que el doble de la RDA (1.6 g/kg). Mas recientemente, Longland et al. (citado por Aragon et al., 2017) encontraron que durante dieta y trabajo de Sprint intervalados de alta intensidad más entrenamiento de fuerza, un consumo de proteína de 2.4 g/kg causaron ganancias de masa magra (1.2 kg) y pérdida de grasa (4.8 kg), mientras que 1.2 g/kg de proteína resultaron en la preservación de masa magra (0.1 g), y una menor de pérdida de grasa (3.5 kg).
Aumentando este cuerpo de literatura encontramos el trabajo de Arciero et al. (citado por Aragon et al., 2017) sobre el ritmo proteico (4-6 comidas/por día, > 30% de proteína por comida, lo que resulta en > 1.4 g/kg/día), el cual ha demostrado ser un método superior al convencional (menos proteína y menor frecuencia de comidas) para mejorar la composición corporal en condiciones hipocalóricas.
De los macronutrientes, la proteína tiene el mayor efecto térmico y es el metabólicamente más costoso. Teniendo esto en cuenta, no es algo sorpresivo que se haya observado una mayor ingesta de proteínas para conservar el gasto energético en reposo cuando se realizan dietas. También la proteína es conocida por ser el macronutriente más saciante, seguido de los carbohidratos, estando en último lugar las grasas. Con solo una excepción, una sucesión de recientes metaanálisis, apoyan el beneficio de las ingestas altas de proteína para reducir el peso corporal, la masa grasa y la circunferencia de la cadera, preservando la masa magra en un déficit energético. Una revisión sistemática realizada por Helms et al. (citado por Aragon et al., 2017) sugiere que la ingesta de proteína de 2.3 a 3.1 g/kg de masa magra era apropiada para atletas de fuerza magros en condiciones hipocalóricas. Esta es una de las extrañas piezas de la literatura que reportan requerimientos de proteína basados en la masa magra, en lugar de hacerlo sobre el peso corporal total.
Antonio et al. (citado por Aragon et al., 2017) recientemente comenzaron una serie de investigaciones de las cuales pueden ser consideradas dietas super altas en proteína. El primero de la serie muestra como la adición de una cantidad de 4.4 g/kg de proteína durante 8 semanas en sujetos que entrenaban fuerza no cambia significativamente la composición corporal comparado con las condiciones de control con una ingesta de mantenimiento habitual de proteína de 1.8 g/kg. Notablemente, la adición de esa cantidad de proteína con un aumento de 800 cal/día no resulto en una ganancia de peso adicional. Otra investigación de 8 semanas involucró sujetos que entrenaban fuerza donde el grupo alto en proteína consumía 3.4 g/kg, mientras que el grupo normoproteico consumía 2.3 g/kg. Ambos grupos mostraron ganancias significativas de masa magra (1.5 kg en ambos grupos). Una pérdida de masa grasa significativamente mayor ocurrió en el grupo alto en proteína comparado con el grupo normoproteico (1.6 y 0.3 kg, respectivamente). Esto es intrigante, ya que el grupo alto en proteínas reportó un aumento significativo de la ingesta de calorías comparado con los niveles de base (374 kcal), mientras que el aumento calórico del grupo normoproteico no fue estadísticamente significativo. El siguiente estudio de 8 semanas involucró sujetos entrenados en fuerza donde se comparó la ingesta proteica de 3.3 vs 2.6 g/kg/día. Los resultados mostraron una falta de diferencias significativas en la composición corporal y el rendimiento de resistencia a pesar de la ingesta calórica significativamente más alta entre ambos grupos (un aumento de 450 vs 81 cal sobre los niveles iniciales). La investigación más reciente de este grupo de investigadores se desarrolló a lo largo de un año con sujetos entrenados en fuerza, donde se compararon las ingestas de 3.3 vs 2.5 g/kg de proteína. En acuerdo con los hallazgos previos, no hubo diferencias en la composición corporal (sin aumentos significativos de la masa grasa), a pesar de la ingesta significativamente mayor de calorías del grupo más alto en proteínas (nuevamente 450 vs 81 cal). Este estudio también evaluó aspectos de salud sobre una elevada ingesta de proteínas (3 – 4 veces la RDA) a largo plazo, demostrando que no hubo efectos adversos sobre una gran lista de marcadores clínicos, incluyendo un panel metabólico completo y el perfil de lípidos sanguíneo.
Un estudio de Bray et al. (citado por Aragon et al., 2017) comparó 8 semanas de condiciones hipercalóricas con la ingesta de proteína representando el 5, 15 o 25% de la energía total. Todos los 3 grupos ganaron peso corporal total, pero el grupo de 5% perdió 0.7 kg de masa magra. Además, los grupos de 15 y 25% ganaron 2.87 y 3.98 kg de masa magra, respectivamente. Todos los tres grupos ganaron grasa corporal (3.51 kg) sin diferencias significativas entre grupos. Estos resultados están aparentemente en desacuerdo con las observaciones de Antonio et al. (citado por Aragon et al., 2016).
Sin embargo, dejando de lado el mayor control y vigilancia inherente a las condiciones metabólicas, los sujetos de Bray et al. no estaban entrenados y permanecieron sedentarios a través del estudio. Mientras que los sujetos de Antonio et al. eran sujetos bien entrenados que realizaban un trabajo intenso de fuerza y pudieron haber tenido una ventaja respecto de la oxidación de sustratos y una partición preferencial de nutrientes hacia la masa magra.
La especulación sobre el destino de la proteína extra consumida en los ensayos de Antonio et al. puede incluir un mayor efecto térmico de la alimentación, aumento de la termogénesis de la actividad que no es ejercicio (NEAT), aumento del efecto térmico del ejercicio (TEE), aumento de la excreción f***l de energía, reducción de la ingesta de otros macronutrientes a través de una saciedad aumentada y una lipogénesis hepática suprimida. Debemos notar que podría haber habido un reporte poco exacto de la ingesta energética. Los hallazgos colectivos de Antonio et al. sugieren que los efectos térmicos, saciantes y de preservación de la masa magra conocidos de la proteína pueden amplificarse en sujetos entrenados que entrenen fuerza.
Fuentes:
Aragon, A. A., Schoenfeld, B. J., Wildman, R., Kleiner, S., VanDusseldorp, T., Taylor, L., ... & Stout, J. R. (2017). International society of sports nutrition position stand: diets and body composition. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 14(1), 16. Traducido y adaptado 12/08/2017