08/05/2023
A diferencia de otras artes marciales y guerreras, donde la mujer suele estar relegada a roles secundarios, la tradición del ninjutsu habla de mortíferas mujeres ninja, tan temidas y respetadas como sus pares masculinos: las kunoichi. Aunque nunca podrían igualar en fuerza a un ninja hombre, las kunoichi sabían muy bien aprovechar sus cualidades femeninas para sacarles partido en el campo de batalla. No sólo se valían de su ligereza para permanecer escondidas en las sombras: también sabían explotar muy bien la parte de engaño que encierra el arte furtivo en su esencia.
Las mujeres siempre han jugado un rol muy importante en la tradición guerrera del ninjutsu. Como verdaderas agentes de inteligencia que eran, las kunoichi se especializaban en seducir a altos mandos y jerarcas enemigos, a los cuales sometían o asesinaban en momentos de descuido. Lo impredecible y el engaño eran las armas más mortales con que contaban estas guerreras y que las hacían imbatibles ante sus propios compañeros hombres.
Sus misiones no se desarrollaban únicamente en la oscuridad y el silencio. Tras una inocua doncella del Japón medieval podía esconderse una implacable asesina. Sus armas, como las de todos los ninjas, estaban más bien determinadas por las circunstancias: un palillo para sujetar el cabello podía convertirse en una aguja arrojadiza; un simple abanico podía esconder en su interior filosas hojas de metal y servirles como arma. Su virtud era la sorpresa: la capacidad de sorprender con habilidades de asesina y con armas improvisadas.
El s**o también era parte del juego de seducción de las kunoichi. Mediante sus encantos podían acceder a personas importantes y dar el golpe justo en el momento necesario. Un cuchillo escondido en una flauta o bajo los vestidos que lentamente se sacaban bastaba muchas veces para descabezar al mando enemigo.