15/04/2026
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Si tú arte marcial es tradicional, sigue las tradiciones.
Un tema frecuente del que poco se habla.
El peor enemigo en el dojo… no siempre está intentando derrotarte.
Hay cosas que son parte del entrenamiento y se aceptan sin problema: el sudor, el contacto, el cansancio, incluso el dolor. Eso es normal. Es parte del camino en cualquier arte marcial o deporte de combate.
Pero hay otra realidad que no debería ser normal… y sin embargo pasa más de lo que muchos admiten.
No es el sudor.
Es la falta de higiene básica.
Uñas largas que raspan la piel en cada agarre.
Alientos que obligan a girar la cara en medio de una técnica.
Uniformes que claramente no han sido lavados en días.
O peor… ese olor corporal fuerte, penetrante, que no viene del entrenamiento del día, sino de acumulación.
Y ahí el entrenamiento deja de ser exigente… y pasa a ser desagradable.
No se trata de ser delicado.
Se trata de respeto.
Porque en disciplinas donde el contacto es directo —ya sea grappling, striking o trabajo cercano— estás invadiendo el espacio personal del otro constantemente. Tu cuerpo literalmente entra en el espacio del otro. Y cuando no hay higiene, eso se transforma en una experiencia que genera rechazo inmediato.
Muchos lo han vivido pero pocos lo dicen.
A veces por incomodidad.
A veces por no “romper el ambiente del dojo o academia”.
Pero la realidad es clara:
esto afecta la calidad del entrenamiento.
No solo por lo evidente (incomodidad), sino porque:
• Baja la concentración
• Genera evasión de ciertos compañeros
• Puede provocar lesiones (uñas largas, por ejemplo)
• Y en casos más graves, problemas de salud (hongos, infecciones cutáneas)
Y esto no es teoría.
Recuerdo una vez en pleno entrenamiento… el olor en el tatami era simplemente insoportable. No era uno, eran varios. Se acumulaba en el ambiente. Nuestro Sensei detuvo la clase en seco.
No levantó la voz, pero fue claro.
Nos mandó a todos a lavarnos los pies.
A todos.
Y después dijo algo que quedó marcado:
que eso no era solo falta de higiene… era falta de respeto hacia uno mismo, hacia los compañeros, y una ofensa directa hacia las compañeras que entrenaban con nosotros.
Ese día nadie volvió a mirar el tema como algo “menor”.
Entonces aparece la pregunta incómoda:
¿Es una especie de “arma secreta”?
¿O simplemente descuido?
La respuesta más honesta: en la mayoría de los casos, es falta de conciencia.
Muchos practicantes no dimensionan el impacto que tienen en los demás.
Otros vienen directo del trabajo, del día completo, sin preparación mínima.
Y algunos simplemente nunca adquirieron ese hábito.
Pero en artes marciales, la higiene no es opcional.
Es parte del entrenamiento, igual que calentar o respetar al compañero.
Cortarse las uñas.
Usar ropa limpia.
Cuidar el cuerpo.
Llegar en condiciones mínimas para entrenar con otros.
No es estética.
Es respeto.
Porque al final, el verdadero nivel de un practicante no solo se mide en técnica o cinturón…
también en cómo cuida a quienes entrenan con él.
Y tú… has vivido una situación así de incómoda en tu vida marcial?