11/08/2022
.
El movimiento siempre ha sido una parte esencial de mi vida.
Es acción.
Presencia.
Conexión.
Cuerpo.
Es una especie de designio cósmico que me acompaña desde muy pequeña:
Tengo que moverme.
Incluso, con algunas intermitencias o pausas obligadas, mi deseo siempre está puesto en el mismo lugar:
El movimiento.
En algunas ocasiones, moverme como yo quería no era posible, entonces escribía hasta el cansancio.
Tengo apilados varios cuadernos completos con todo lo que encontraba y copiaba, o deducía en relación al movimiento.
Hace varios años di mi primera clase.
Fue un reemplazo en una clase de acrobacia en telas.
Llena de dudas e incertidumbre pero, al mismo tiempo, confiando profundamente en mí, lo hice y lo disfruté tanto tanto, que volví a mi casa y no paraba de recordar cada detalle.
Ese día, en el mismísimo instante en que comencé a llevar adelante la clase, supe que eso era lo que yo quería hacer.
Recuerdo que escribí varias clases, por si algún día tenía otra oportunidad.
Esa otra oportunidad no tardó en llegar, y sólo unos meses después tuve mi primer grupo de alumnxs.
Hoy, con más experiencia, muchísima más información y una visión que se ha ido transformando con el tiempo - y lo seguirá haciendo porque considero necesario darme permiso para cambiar de opinión y dejarme atravesar por el contexto, para que el aprendizaje sea constante -, lo único que ha permanecido intacto es mi deseo de moverme.
Transitar este camino junto a quienes comparten este mismo destino - el movimiento - es sumamente gratificante.
Siento que todavía hay mucho por decir, por derribar y reconstruir.
Creo que esta es - para mí - una instancia clave dentro de este recorrido.
Y ahí voy.
Si llegaste hasta acá, gracias.