Sus practicantes son varones y mujeres infantiles, juveniles y adultos. Todo comienza en el año 1985 cuando apenas tenía 16 años. En aquellos años tengo la oportunidad de disfrutar de un verdadero artista marcial, el Boo Sabon Nim Enrique Godoy (II DAN, en aquél momento). Pionero del taekwondo en la zona, me deslumbró la destreza, la fuerza y la belleza de este arte marcial en las manos de quien
sigue siendo mi maestro. Enredado en la mística que rodea a las artes marciales, me animo a explorarla, anhelando encontrar una formación marcial pero también militar, disciplinaria. Los logros físicos, técnicos y deportivos me motivaron a continuar con el aprendizaje. Simultáneamente colaboraba con las clases debido a que mi instructor era de otra localidad y muchas veces se le dificultaba viajar. En aquél entonces la máxima graduación en el país era el maestro Kwan Duk (VII DAN), quien junto a Hang Chang King y Na Sung Choi fueron los que introdujeron el taekwondo al país en 1967. Junto a mi instructor visitamos el Instituto Chu Argentina (I.C.A.), donde tuve la suerte de conocer, tomar cursos, seminarios, presenciar clases y entrenar con los grandes maestros del taekwondo ITF. Entre ellos rememoro al general Choi, su hijo, Park Jung Tae y Phap Lu. En la parte deportiva fue donde hice mi mayor proyección. Desde punta verde no me perdía oportunidad de participar en cuanto torneo sea posible. Mi primera medalla fue a los 17 años con punta verde, con 70 kilos. Mi sueño en aquél entonces era llegar a ser campeón de los cintos negros pesos pesados, categoría a la cual admiraba. Como cinto de color fui muchas veces campeón argentino en diferentes categorías. Ya en el año 1989 me gradué como I DAN. En aquellos años se realizaban uno o dos exámenes al año para cintos negros. En tal oportunidad fuimos evaluados más de 70 practicantes del país, siendo solamente 23 exámenes aprobados. Puede vislumbrarse con ello, lo riguroso que eran dichas evaluaciones. No es casualidad que quien dirigía los mismos fuera el Sabon Nim Adolfo Villanueva VI DAN en ese momento, actualmente IX DAN, presidente de F.A.A.T y vicepresidente de la I.T.F. Sin embargo, a pesar de la dificultad y rigurosidad del, obtuve el mejor puntaje y la premiación de los presentes como el mejor examen. Lo cuento como una gran anécdota y no como una cuestión de ego. Para mi fue un gran logro en mi carrera como artista marcial porque pude sentir el orgullo que experimentó mi padre en el taekwondo (Enrique Godoy). Me lo manifestó de una manera imborrable para mi. Ahí mismo se quitó su cinturón negro y me lo entregó en reconocimiento y colmado de alegría por su hijo. Fue más valioso ese gesto que mucho de los trofeos que obtuve a lo largo de mi carrera. Desde aquél entonces comprendí la la importancia de compartir mis conocimientos y experiencias. Me veo casi en la obligación de difundir el taekwondo a través de clases, las cuales dicto de manera ininterrumpida. Todo esto lo acompañé de permanentes capacitaciones, cursos, actualizaciones y todo aquello que me permitiera seguir creciendo como practicante e instructor. Mi único objetivo era transmitir este arte marcial de la cual me había descubierto. Los logros se proyectaron en mis alumnos, tanto en lo deportivo a nivel nacional y mundial como también en la calidad de los instructores que hoy forman esta organización. He descubierto en el taekwondo la herramienta social más importante para la formación integral en los niños, adolescentes y adultos. En sus cinco principios veo una brújula para el practicante. El taekwondo para mí es un camino, una forma de vida.