30/10/2016
PALABRAS DE MI HIJA ANITA AGUIRRE...
30-10-2012 JAMAS OLVIDAR....
Hace cuatro años, yo estaba escuchando el partido de Talleres junto a toda mi familia, excepto mi papá y mi tío, que habían salido a verlo a la cancha en un gran camión,lleno de apasionados hinchas iguales a ellos. Se suponía que ya estaban ahí. Sin embargo, nos llegaron muy malas noticias al respecto.
En ese tiempo, teníamos un carrito en el que vendíamos sandwiches, y unos chicos que venían a comprar, nos avisaron que el camión no había podido llegar debido a un terrible accidente. Nos dijeron que lo estaban mostrando en las noticias en ese momento. Encendimos la tele de inmediato y, al hacerlo, pudimos apreciar la gran escena que exhibía esa tan pequeña pantalla. Yo creo que a todos se nos hizo un n**o en la garganta, pues era evidente que el temor, en todos, iba creciendo; el temor de perder a dos de las personas que mas queremos en el mundo. Así, todos, especialmente mi abuela, nos encontrábamos muy nerviosos. Pero ella, junto con mi tía y mi mamá, empezaron a buscar un medio por el cual poder comunicarnos. Durante esos días, yo solo tenía once años y no podía hacer nada más que esperar. Recuerdo sentirme realmente frustrada por mi gran impotencia.
Después de un rato, vi a mi abuela sosteniendo un celular y llorando a la vez. El teléfono estaba en altavoz y, al acercarme, pude reconocer la voz de mi papá, triste y un poco aplastada por las lágrimas. Él, todavía aturdido por el suceso, contaba lo que había pasado: dijo que un colectivos les había chocado; que el chofer del mismo intentó huir; yacían tirados en el piso, todos heridos, algunos verdaderamente graves y otros golpeados por el impacto; dijo que el suelo estaba cubierto de sangre y describió el escenario como una masacre; resaltó el triste hecho de que cuatro de ellos habían permanecido en estado crítico hasta que la ambulancia llegara; pero también agregó con una voz un tanto ronca y llena de tristeza, que para cuando llego ya era tarde. Él nos dijo sus nombres: Alan Balderrama, José Luis Flores, Pablo Tolaba y Matias Lopez. Habló tan rápido que apenas se dio el tiempo de decir que él y su hermano eran unos de los que, gracias a Dios, solo tenían golpes. Cuando pronunció estas últimas palabras, noté que, junto conmigo, mi familia exhalaba un fuerte y entrecortado aire de alivio, mientras las comisuras de sus labios se levantaban para dar lugar a una momentánea y casi imperceptible sonrisa; pero, por supuesto aún con los ojos envueltos en lágrimas.
Luego de que mi papá finalizara su llamada, todos nos sentamos en los banquitos de cemento que hay pegados al frente de mi casa. Allí los esperamos, un poco más tranquilos.
Mas tarde, una auto se estacionó delante de nuestra casa, sus puertas se abrieron y, al ver que los que salían eran mi tío y mi papá, todos nos paramos de un salto, como sorprendidos, pero en realidad aliviados de saber que, por fin, estaban aquí. Empezaron a caminar y, el primero, pasó directo hacia su habitación, con la cabeza gacha y, justificadamente, muy triste y dolido; el segundo, que lo venía siguiendo, se detuvo en cuanto llegó a nosotros. Ahí fue cuando se derrumbó. Nunca antes había visto llorar a mi papá. Yo lo abrasé y, al momento, mi garganta se tensó y sentí algo húmedo formando en mis ojos para después caer por mis mejillas. Yo también estaba llorando.
El día en que enterraban a los cuatro chicos que perecieron víctimas de accidente, todos estábamos allí. Se organizó una gran marcha, con música perteneciente al club e inventada para la ocasión. A través de esa música podía sentirse la tristeza de los que la tocaban y cantaban. Ente ellos estaba mi papá, que hacía sonar un gran bombo que tenía los costados azules, el escudo de talleres pintado en una de las caras y en la otra tenía algo escrito. Yo estaba a su lado abrazándolo y, al igual que él, llorando.
TOMY AGUIRRE GRAN HINCHA DEL EXPRESÓ