11/05/2026
Muchas veces somos nosotros mismos quienes construimos las distancias: con miedos, dudas, recuerdos, heridas o pensamientos que nos hacen creer que algo es imposible, lejano o inalcanzable. La mente analiza, compara, se protege… y en ese intento de evitar el dolor, a veces levanta abismos donde quizás solo había un paso por dar.
Pero el corazón tiene otro lenguaje.
No necesita tener todas las respuestas para avanzar.
El corazón siente, intuye, confía. Se anima a amar aun después de las heridas, a volver a empezar después de las caídas, a acercarse aun cuando existe incertidumbre.