02/03/2026
Hay un cansancio que no se ve.
No es solo físico.
No es solo mental.
Es el desgaste de vivir en modo supervivencia constante.
Abrís el celular y todo es crisis.
Salís a la calle y todo es incertidumbre.
Mirás tu economía y todo es cálculo.
Y el cuerpo… lo siente antes que vos.
Mandíbula apretada.
Respiración corta.
Hombros rígidos.
Irritabilidad que aparece sin aviso.
No estás exagerando.
No estás “siendo débil”.
Tu sistema nervioso está haciendo lo que puede para protegerte.
Por eso la práctica no es evasión.
No es hacer como si nada pasara.
Es crear un espacio donde tu cuerpo deje de defenderse un rato.
Respirar más largo.
Moverte con conciencia.
Sentir dónde duele y no ignorarlo.
Eso no cambia el contexto.
Pero cambia tu centro.
Y algo importante:
El yoga ayuda a regular, a sostener, a entender lo que pasa en el cuerpo.
Pero no reemplaza un proceso terapéutico si lo necesitás. Pedir ayuda también es fortaleza.
Si estos días te sentís más cansada, más sensible o más reactiva,
no sos la única.
Estamos atravesando mucho. Sostener los espacios de cuidado nos ayudan a resistir.